jueves, 23 de julio de 2015

ORACION CIUDADANA


CREO que el verdadero cambio lo representan Stolobizer, Sanz y Carrió. Lousteau, es el futuro, él nos hizo entender. Macri se quedó en el tiempo. El capitalismo está agotado, dijo Francisco. ¿Qien nos librará de Scioli y el kischnerismo?. Dios nos ayude. Amén.

DESCANSAR, CONTEMPLAR, COMER


La vida cotidiana del hombre, está hecha de tiempos de trabajo y de descanso. Se trabaja para descansar y se descansa para gozar y reposar. Sin embargo hay que reconocer que la vida moderna sigue otro paradigma: el paradigma de la producción y el consumo. Se produce para consumir y se consume para producir más. Todo es ganancia. Ese paradigma, considera máquinas a los hombres y les niega hasta el derecho y la necesidad de descansar. Así el descanso se considera pereza o perder tiempo y el ocio, un pecado capital. Pero para los antiguos griegos, maestros de filosofía de vida, ocio era lo contrario del “negocio”, que es precisamente, la “negación del ocio”. Y el ocio (otium en latín) era la capacidad de “otear”, contemplar. Por ejemplo, el general, oteaba el horizonte para contemplar por donde venía el enemigo. Se colocaba en una elevación a la que llamaba “templum”, para contemplar mejor.
Hoy, no sólo el paradigma del consumismo-producción, nos impide descansar y contemplar, sino que para muchos otros - los “perfeccionistas”- descansar sería perder tiempo y el ocio un pecado imperdonable. En cambio para otros, la “contemplación”, sólo se daría frente a la TV o la telenovela. 
No caigamos ni en la autoexigencia, ni en el abandono personal. Se descansa para contemplar y se contempla, para seguir trabajando, pero desde Dios, para hacer el bien a los demás. Ese es el secreto de la contemplación de Dios en la historia, de lo que Dios nos dice a través de las cosas que nos pasan o cuando nos revela cómo debemos actuar en la realidad. Tengamos en cuenta que, contemplar no es “ver visiones”. Es más bien, comprender un secreto o conversar con el amigo amado y quedarse rumiando con gozo en el corazón.
En el Evangelio de Hoy, parecería contradictorio que Jesús invita a los discípulos a descansar porque no tenían ni tiempo para comer, pero cuando llegan al lugar ya se encuentran con una multitud para seguir trabajando. Pero en realidad, descansaron cuando pudieron conversar con Jesús. “le contaban todas las cosas que habían hecho y enseñado” y comieron cuando estuvieron a solas con Él gozando de sus palabras (No sólo de pan vive el hombre) y cuando pueden dar algo de amor a los demás.
Hoy, estamos llenos de mensajes budistas y de prácticas yoga. Muchas de estas cosas, tomadas como ejercicios, son buenas y nos hacen bien, ya lo decía Benedicto XVI, cuando era cardenal y escribió sobre “algunos cuestiones de la oración oriental”. También Jesús nos enseña a descansar, contemplar y comer. A irnos a “un lugar desierto”, en pos de “los levantes de la aurora”, buscando la “soledad sonora, la música callada , la cena que recrea y enamora” (San Juan de la Cruz). El lugar desierto es un poco de soledad y silencio, la voz interior, en el fondo del corazón. Orar combinando el diálogo con el silencio con la respiración profunda: inspirar Espíritu Santo y espirar amor, compasión, misericordia (Jesús sintió compasión, porque eran como ovejas sin pastor).

viernes, 17 de julio de 2015

SOSTIENE FRANCISCO


Atilio A. Boron (1943) - politólogo y sociólogo argentino, doctorado en Ciencia Política por la Universidad de Harvard. Profesor de Teoría Política y Social, en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires e investigador superior del CONICET
www.pagina12.com.ar – 13-7-15
Después del discurso de Francisco ante el Encuentro de Movimientos Sociales no tardaron en surgir voces advirtiendo que sus palabras no debían tomarse en serio habida cuenta de la larga historia de la Iglesia como guardiana del orden capitalista y responsable de incontables crímenes. Se imponía la incredulidad e, inclusive, una vigilancia militante para evitar que el mensaje papal frustrase el ansiado desarrollo de la conciencia crítica de los pueblos oprimidos.
Discrepo de esas opiniones. Es más: creo que éste no es un tema que debería preocuparnos. Desde el punto de vista de la construcción de un bloque histórico anticapitalista –aunque no desde la abstracción de un juicio ético– el hecho de que Francisco crea o no en su propio discurso es irrelevante y no tiene sentido discutir aquí. Lo que sí interesa es que esas palabras fueron vertidas en una importante reunión de líderes y dirigentes sociales latinoamericanos y que alcanzaron de inmediato una impresionante resonancia mundial.
Que el Papa diga que el capitalismo es un sistema agotado, que ya no se lo aguanta más, que el ajuste siempre se hace a costa de los pobres, que no existe tal cosa como el derrame de la riqueza de la copa de los ricos, que destruye la casa común y condena a la Madre Tierra, que los monopolios son una desgracia, que el capital y el dinero son “el estiércol del demonio”, que se debe velar por el futuro de la Patria Grande y estar en guardia ante las viejas y nuevas formas de colonialismo, entre tantas otras afirmaciones, tiene efectos políticos objetivamente de izquierda que son de una importancia extraordinaria.
Claro, todo esto ya lo habían dicho Fidel, el Che, Camilo, Evo, Correa, Chávez y tantos otros en la teología de la liberación y el pensamiento crítico de Nuestra América. Pero sus juicios eran siempre puestos bajo sospecha y toda la industria cultural del capitalismo se abalanzaba sobre ellos para burlarse de sus certidumbres, descalificándolas como productos de un anacrónico radicalismo decimonónico.
Los tecnócratas al servicio del capital y los “biempensantes” posmodernos decían que aquellos nostálgicos no comprendían que los tiempos del Manifiesto Comunista habían pasado, que la revolución era una peligrosa ilusión sin porvenir, y que el capitalismo había triunfado inapelablemente. Pero ahora resulta que quien lo cuestiona radicalmente, con un lenguaje llano y rotundo, es Francisco y entonces ese discurso adquiere una súbita e inédita legitimidad, y su impacto sobre la conciencia popular es incomparablemente mayor. Con sus palabras se abrió, por primera vez en mucho tiempo, un espacio enorme para avanzar en la construcción de un discurso anticapitalista con arraigo de masas, algo que hasta ahora había sido una empresa destinada a ser neutralizada por la ideología dominante que difundía la creencia de que el capitalismo era la única forma sensata –¡y posible!– de organización económica y social. Ya no más.
El histórico discurso de Francisco en Bolivia instaló en el imaginario público la idea de que el capitalismo es un sistema inhumano, injusto, predatorio, que debe ser superado mediante un cambio estructural y que, por eso, no hay que temerle a la palabra revolución. Dejemos que filósofos, teólogos y psicólogos se entretengan en discutir si Francisco cree o no en lo que dijo. Lo importante, lo decisivo, es que gracias a sus palabras estamos en mejores condiciones para librar la batalla de ideas que convenza a todas las clases y capas oprimidas, a las principales víctimas del sistema, que hay que acabar con el capitalismo antes que ese infame sistema acabe con la humanidad y la Madre Tierra.

domingo, 12 de julio de 2015

MISION Y VOCACION

 
La Misión es un “envío” y el misionero, es un enviado. Tengo que haber sido enviado por alguien y para algo. Pero todo envío supone un llamado, una vocación. La vocación ser también una “convocatoria, ser llamado con otros. ¿Y quién nos envía? El que nos eligió, porque nos amó. Todos hemos sido elegidos por Dios que nos llamó a vivir, en una familia, en una comunidad. Nos destinó y nos predestinó. Nos dio un destino, es decir, una vocación porque nos llamó y nos convocó.
Nos eligió en Cristo. Cuando vio nuestra imagen al crearnos, vio el rostro de Cristo, su Hijo y por eso nos amó. Nos llamó a ser sus hijos. Nos creó a imagen de su Trinidad, nos convocó para ser comunidad, para darnos unos a otros en el amor. Como Él nos amó. Como el Padre ama su Hijo, y por eso es Padre. Como el Hijo ama al Padre. Y por eso es Hijo. Como el Espíritu que es “espirado” y por eso es amor.
Sería bueno, comenzar haciendo un discernimiento de espíritus. Cuando Jesús comienza a anunciar el Reino de Dios, comienza echando espíritus malos y sanando enfermos. Ese es el signo de que ha llegado el Reino de Dios. Jesús nos llamó a los cristianos, a ser misioneros. Nos dio una misión. Como la de Él, a anunciar el reino. Echar espíritus malos y sanar enfermos. Comencemos entonces haciendo un discernimiento de espíritus. Debemos reconocer en nosotros mismos y en nuestro ambiente los espíritus malos.
Cuando Jesús habla del espíritu malo, no necesariamente habla del demonio. El espíritu del mal, es el mal de mundo, las estructuras de pecado social y de injusticia que nosotros mismos creamos y que denuncia el Papa. Los espíritus malos que habitan en nosotros, espíritu de soberbia, de vanidad, de rencor y de ira, de envidia, de acedia o indiferencia por las cosas de Dios, la fornicación, la gula. Y reconocer nuestras enfermedades espirituales, como la tibieza, la indiferencia hacia el prójimo, sembrar cizaña, discusiones y peleas, la tristeza por las cosas de Dios y del prójimo, las obsesiones, el sentimiento de culpa, los escrúpulos. No le echemos siempre al demonio la culpa de todo. “El demonio, me tentó… El cornudo metió la cola” como si con eso nosotros pensáramos salvar nuestra responsabilidad. Somos responsables de nuestros actos voluntarios.
Finalmente, se discierne para decidir. Tenemos que decidirnos a llevar el reino de Dios a los demás. Esa es nuestra misión: Sanar y consolar.

viernes, 10 de julio de 2015

DEMOLEDORAS CRITICAS DEL PAPA AL SISTEMA ECONOMICO MUNDIAL

Demoledoras críticas del Papa al sistema económico mundial

Dijo que llegó la hora del cambio y advirtió sobre los "nuevos colonialismos"
Por   | LA NACION
SANTA CRUZ DE LA SIERRA.- Fue un discurso "revolucionario". Llamó a un "redentor" cambio de estructuras y a luchar para superar las "graves situaciones de injusticia que sufren los excluidos en todo el mundo". Fustigó con más dureza que nunca "la dictadura del dinero", que volvió a definir como "el estiércol del diablo", y al sistema económico actual, "que degrada y mata". Y convocó a la unión de la Patria Grande latinoamericana y a rechazar el "nuevo colonialismo".
Francisco, un papa considerado populista y hasta marxista por sectores ultraconservadores, pronunció ayer el discurso de más fuerte contenido político y social de su pontificado.
"El futuro de la humanidad no está únicamente en manos de los grandes dirigentes, las grandes potencias y las élites. Está fundamentalmente en manos de los pueblos", clamó, al clausurar el Segundo Encuentro Mundial de los Movimientos Populares. El Pontífice habló en Santa Cruz de la Sierra, la ciudad más importante de este país de 10 millones de habitantes, uno de los más pobres de América latina. Y lo hizo en una jornada marcada por la polémica que provocó una suerte de crucifijo tallado sobre una hoz y un martillo que le regaló Evo Morales.
En su discurso, Francisco volvió a hablar de un mundo sumergido en una "tercera guerra mundial en cuotas". Denunció la existencia de "un hilo invisible que une a cada una de las exclusiones: un sistema que ha impuesto la lógica de la ganancia" a toda costa. "Este sistema ya no se aguanta, no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores, no lo aguantan los pueblos", dijo.
"Y tampoco lo aguanta la Tierra, la hermana madre Tierra", clamó en su discurso. Aclaró que estaba hablando no sólo de problemas de América latina, sino de toda la humanidad. "Se está castigando a la Tierra, a los pueblos, a las personas, de un modo casi salvaje", disparó.
El primer Encuentro Mundial de los Movimientos Populares había tenido lugar en octubre del año pasado en el Vaticano por voluntad de Francisco. Como recordó el propio Papa en su largo e intenso discurso, que duró una hora, y de más de seis páginas, esa vez había reclamado "las tres t": tierra, techo y trabajo para todos.
"Lo dije y lo repito, son un derecho sagrado. Vale la pena luchar por ellos. Que el clamor de los excluidos se escuche en América latina y en todo el mundo", pidió, provocando una catarata de aplausos. En el público, que lo ovacionó, no sólo estaba el presidente Evo Morales, que antes había dado un discurso de media hora en el que reivindicó su pasado de lucha contra "el imperialismo castrador". También había cartoneros, recicladores, indígenas con el rostro pintado, obreros con casco y miembros y dirigentes de movimientos de todo el mundo, como el abogado argentino Juan Grabois, cercano a Jorge Bergoglio.
El Papa, que elogió reiteradamente los movimientos populares -que definió como "poetas sociales"-, los llamó a impulsar un cambio. "Ustedes, los más humildes, los explotados, los pobres y excluidos, pueden hacerlo y hacen mucho. Me atrevo a decirles que el futuro de la humanidad está, en gran medida, en sus manos, en su capacidad de organizarse y promover alternativas creativas, en la búsqueda cotidiana de «las tres t» [trabajo, techo, tierra] y también, en su participación protagónica en los grandes procesos de cambio, nacionales, regionales y mundiales. ¡No se achiquen!", dijo.
Dijo luego que ni el Papa ni la Iglesia tienen "una receta" para solucionar los graves problemas de este mundo. Pero propuso tres grandes tareas: poner la economía al servicio de los pueblos; unir los pueblos en el camino de la paz y la justicia, y defender la madre Tierra. Al denunciar el sistema actual, llamó a decirle "no a una economía de exclusión e inequidad" y aseguró que "el problema es un sistema que sigue negándoles a miles de millones de hermanos los más elementales derechos económicos, sociales y culturales". Además, denunció que este sistema "atenta contra el proyecto de Jesús".
"El destino universal de los bienes no es un adorno discursivo de la doctrina social de la Iglesia. Es una realidad anterior a la propiedad privada. La propiedad, muy en especial cuando afecta los recursos naturales, debe estar siempre en función de las necesidades de los pueblos", dijo provocando una ovación.
Al hablar de la necesidad de unidad, destacó que "en estos últimos años, después de tantos desencuentros, muchos países latinoamericanos han visto crecer la fraternidad entre sus pueblos".
"Los gobiernos de la región aunaron esfuerzos para hacer respetar su soberanía, la de cada país y la del conjunto regional, que tan bellamente, como nuestros padres de antaño, llaman la «Patria Grande»", agregó. Advirtió luego que "hay factores que atentan contra la soberanía de los países de la «Patria Grande» y otras latitudes del planeta". Y arremetió contra el "nuevo colonialismo", que se esconde "detrás del poder anónimo del ídolo dinero" o "bajo el noble ropaje de la lucha contra la corrupción, el narcotráfico o el terrorismo cuando se imponen a los Estados medidas que poco tienen que ver con la resolución de esas problemáticas y muchas veces empeora las cosas".
"Del mismo modo, la concentración monopólica de los medios de comunicación social, que pretende imponer pautas alienantes de consumo y cierta uniformidad cultural, es otra de las formas que adopta el nuevo colonialismo. Es el colonialismo ideológico", agregó.
Luego de "reconocer que ninguno de los graves problemas de la humanidad se puede resolver sin interacción entre los Estados y los pueblos a nivel internacional", el Papa destacó que "interacción no es sinónimo de imposición". E hizo un mea culpa "no sólo por las ofensas de la propia Iglesia, sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América".
Con este discurso revolucionario, de tono mucho más fuerte de lo que se esperaba, Francisco cerró otra jornada intensa, marcada por una ciudad paralizada para verlo pasar en papamóvil, obtener una bendición o simplemente gritarle "¡Papa, te queremos!
Por la mañana, había celebrado una misa multitudinaria en la plaza del Cristo Redentor ante miles de personas. "¡Basta de descartes!", clamó en la celebración, a la que también asistió Morales. Fue la tercera gran misa de su gira latinoamericana, que continuará hoy en Paraguay y concluirá el domingo.
Por la tarde, en un encuentro con 12.000 religiosos en el que cautivó a todos contando anécdotas, condenó a los sacerdotes que no son pastores sino "capataces", que están continuamente reprendiendo y que "se sienten una casta de diferentes". Y recordó que "no somos testigos de una ideología, de una receta, de una manera de hacer teología. Somos testigos del amor sanador y misericordioso de Jesús"..
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jueves, 9 de julio de 2015

DISTINTAS ACTITUDES DE FE


En los tres últimos domingos, estuvimos viendo enseñanzas y ejemplos de fe. Todos, aun los ateos deben admitir que sin alguna fe, no podemos vivir. Estos tres ejemplos, que aquí en los evangelios de los domingos, los vemos fragmentados, como en píldoras, son partes de un capítulo del Evangelio que habla sobre el Reino de Dios. Si lo leyéramos directamente en el Evangelio veríamos mejor la unidad del relato.
Después de anunciar la venida del reino, que se explica en la parábola del sembrador y las otras parábolas, Jesús presenta la actitud o condición fundamental para entrar en el Reino: la fe. Lo hace con tres modelos, que corresponden a tres milagros que hace para mostrar su poder. Los apóstoles en la barca con Jesús, en medio de la tempestad, sienten miedo y gritan. Jesús les dice ¿Por qué tienen miedo? ¿No tienen fe? Jesús tiene poder sobre la creación y las fuerzas de la naturaleza.
La segunda actitud de fe, es la de la mujer que está enferma de hemorragias (recordemos que para los judíos, en la sangre residía la vida, el que pierde sangre, pierde vida) y también el padre de la chica muerta. A pesar de que le dicen que su hija murió, sigue insistiendo y tiene esperanza. Los dos, sienten el poder de Jesús, que es Señor de la vida y tiene poder sobre la vida y la muerte.
En el tercero, Jesús se presenta en la sinagoga de Nazaret, donde todos lo conocen desde chico y creen que se las saben todas sobre el Maestro, no logra a pesar de su poder de hacer milagros, que crean en Él. Jesús tiene poder sobre la comunidad, pero la comunidad no tiene fe en Él y no colabora con su fe.
Por lo tanto: fe no es solamente, creer en Dios, sino sobre todo Creerle a Dios. No se puede creer en alguien sin amarlo y aceptarlo. Por eso la fe, se da en una comunidad, en una familia, en una Iglesia. Jesús tiene poder. Poder sobre las cosas de la naturaleza y el mundo, sobre la vida y sobre la muerte y sobre la comunidad humana. Ése es el reino de Dios. Pero para entrar en su reino, debemos creerá El y debemos aceptarlo.