domingo, 16 de agosto de 2015

PAN DE LA SABIDURIA O DEL DISCERNIMIENTO

No estoy en mi Casa en Bahía Blanca, pero encontré la ocasión de mandar un mensaje en este día de Don Bosco. Sus doscientos años. El Evangelio de hoy habla del PAN DE LA SABIDURÍA, o del DISCERNIMIENTO, que para la Biblia es lo mismo. El discernimiento e un don del Espíritu Santo y es fruto del equilibrio o moderación: no excederse en la comida y bebida. Comer el pan y el vino de la carne del señor, o sea hacerlo a Él carne de nuestro ser. En tiempo de Don Bosco existía una teoría que se llamaba el "jansenismo", una herejía rigorista con respecto a la Comunión. Decía que la comunión es para muy pocos y que es una falta de respeto comulgar a cada rato, pues es faltar el respeto al Señor.Ni en el seminario podía comulgar frecuentemente.Don Bosco combatió esta teoría. Se privaba todos los días del desayuno para poder ir a comulgar en la parroquia, y llegar a tiempo a la clase, porque en el seminario no había Misa. Puso como base de su sistema educativo: "Razón, Religión y Amor". Religión, consistía en comulgar y confesarse con frecuencia. La herejía actual para nosotros consiste en que muchos hoy comulgan frecuentemente pero no se confiesan NUNCA. Atención. Ya vamos a Hablar. Saludos.

DON BOSCO


7 h · 

REFLEXION PARA EL DOMINGO 16-08

Para el DOMINGO 16 de Agosto: Juan: Cap. 6, 41-51
Como yo no estaré, les dejo una pequeña reflexión para el domingo. Hemos reflexionado sobre los diversos sentidos que tiene el Pan de Vida en el capítulo 6º de San Juan: el pan de la fe, de la amistad, de la resurrección. Creerle a Jesús. Vivir en comunión. Caminar hacia la vida eterna de resucitados. Superar la tibieza, el vacío, la aridez .Encontrar el sentido de la muerte, del sufrimiento y de la culpa. Hoy veremos la inhabitación: "vivir yo en ti y tú en Mí".Es comer la carne del Señor. Recordando que comunión.no es sólo "tomar la hostia". Vivir en comunión con Dios y los hermanos. Paz de corazón, superar el rencor y los resentimientos. Amar es dar y perdonar, don y perdón.La Eucaristía contiende la presencia real del Señor. Abarca una serie de ritos litúrgicos. Lo que llamamos "la Misa".Toda la Misa es Eucaristía, no sólo el comulgar con la hostia. La preparación y la acción de gracias. Vivir la eucaristía de la vida cotidiana, implica vivir todo el día EN ACCIÓN DE GRACIAS. Hay otros actos, como la visita al Sagrario y la adoración al Santísimo. La Lectura de la Palabra.El 16 de Agosto son los 200 años del nacimiento de Don Bosco.

PAN DE RESURRECCION


Algunos filósofos existencialistas, especialmente ateos, pensaron que el hombre está arrojado en el mundo, en esta vida, que sufre soledad y angustia y que es un ser para la muerte. La muerte, junto con el sufrimiento y la culpa, es uno de los tres problemas, que el hombre no puede manejar solo, sin ayuda de Dios. Así se sentía el profeta Elías, cuando se acostó sin fuerzas para caminar y sin pan para vivir, queriendo morir. Así se sentía un muchacho que vino a hablarme, después de un intento de suicidio del que la policía y los médicos lo habían sacado, sintiéndose desesperado y abandonado de todos, mujer, hijos, trabajo, empresa, amigos y hasta Dios.
Jesús no nos da una certeza clara sobre la muerte, pero en cambio nos habla inesperadamente de la vida, de la vida eterna, de la resurrección. No de la resurrección de Él, sino de la nuestra. La certeza de que vamos a resucitar. Vamos hacia la vida eterna y Él es el pan con el que lo lograremos. Los antiguos judíos resistieron el camino en el desierto, alimentándose con el maná. Pero finalmente murieron. La fe en Jesús es el Pan que nos da fuerzas para caminar y llegar a la vida eterna y a la resurrección. Estoy seguro de que muchos cristianos no piensan ni creen en la resurrección. Incluso muchos, creen más bien en la reencarnación, al modo budista.
“Seremos transformados”, dice San Pablo. Y explica que la diferencia entre lo que somos y lo que llegaremos a ser, podría ser comparable, a la que existe entre una semilla y un árbol grandote y lozano. No estaría mal, leer y profundizar el capítulo 15 de la primera carta a los Corintios. Nos llevaríamos más de una sorpresa. “Creo en la resurrección de los muertos y en la vida eterna”. Tendríamos que encontrarle un sentido nuevo para nosotros, a estas dos afirmaciones de nuestra fe.
El Padre nos llevará a Jesús que da sentido a nuestra vida. Todos seremos enseñados por el Divino Maestro. Entre tanto para vivir en Él y Él en nosotros, tenemos que comer su carne y beber su sangre. Ése es el alimento de la resurrección o vida eterna. Cuando comemos pan o cualquier alimento, nosotros lo transformamos en nuestra substancia. Pero cuando lo comemos a Él, Él nos trasforma a nosotros, en Él mismo. ¿Qué comemos? ¿Cómo comemos a Jesús? ¿Cómo llegamos a ser nosotros, Jesús? Él con su Cuerpo sufrió y murió. Comerlo es encontrar el sentido del sufrimiento y de la muerte y superar la culpa. No es que debamos estar buscando sufrimientos y muerte en nuestro cuerpo o alma, pero sí aceptarlos cuando vienen sin avisar, que a veces cuesta más. 
Otra forma de comer su Cuerpo, es la comunidad. Su cuerpo es la Iglesia, somos nosotros en comunidad. Comerlo es alimentarnos con el amor al prójimo y con el amor del prójimo, con el don y el perdón al y del otro. No estamos solos, arrojados en este mundo, tirados para morir. Somos seres en relación, primero con Dios en Jesús, por medio del Espíritu Santo. Y en relación “yo-tú-nosotros”, con el prójimo que es mi otro yo, es Jesús, del que me alimento.

domingo, 2 de agosto de 2015

EL PAN DE LA FE


Es muy fácil para nosotros, decir que “el pan de vida” es la Eucaristía. Está bien. Pero tengamos cuidado: no siempre lo más fácil, es todo lo que dice la Biblia o lo que enseña Jesús. Y no porque el Pan de vida no sea la Eucaristía. Pero si queremos hacer una reflexión más profunda o más completa, veremos que es el Pan de la Fe. Leamos bien. “Ustedes vienen no porque creen, sino porque comieron hasta saciarse”. “Busquen el pan que dura hasta la vida eterna”. “¿Qué tenemos que hacer?” “Crean en el Hijo de Dios: soy Yo”. “El que venga a Mí, no tendrá más hambre, el que crea en Mí, no tendrá más sed”.
HAMBRE Y SED DE DIOS
Todos sabemos lo que es tener hambre o experimentar, la sed. ¡Qué sensación de vacío siente el que tiene hambre y qué debilidad. Ni puede estar parado. Y qué sequedad en la boca, el que tiene sed. Se quema por dentro. Justamente vacío y sequedad, son sensaciones, que también experimentamos al hablar de la afectividad, de la amistad, de los padres, de los hijos y también de Dios. La falta de sentido de la vida, lleva al vacío y después a la muerte psíquica. La Sed de Dios es un tormento insuperable. Hasta los animales, especialmente los domésticos, sienten hambre de afecto, cuánto más el hombre. La sed de amistad, la soledad, el vacío y la sequedad, hace insoportable la vida, preferiríamos morir. El hombre no fue hecho para estar solo. Todas las sensaciones de hambre y de sed, se resumen en el hambre de Dios y en la sed de dios, que es el hambre y la sed del fin último y de la felicidad.
La sequedad, en la vida espiritual, puede venir de la tibieza o mediocridad espiritual, que es el descuido voluntario de las cosas de Dios. Pero cuando a pesar de la sequedad y el cansancio que a veces nos produce la vida espiritual, no la dejaríamos por nada, para buscar un deleite profano o material dejándolo a Dios de lado, entonces, estemos seguros que no es tibieza, sino que es una prueba, que pasará con perseverancia y constancia.
El pan de la fe
“Moisés les dio el pan en el desierto, pero ese pan material pasó. Si quieren el pan de la vida eterna crean en Mí. Yo soy el Pan de Vida”. El Pan de vida eterna es la fe en Jesús. No se trata sólo de creer que Jesús existió. La mayoría cree hoy en la existencia de Jesús histórico, hasta los judíos y musulmanes. Muchos menos son los que creen que Jesús es Dios. Pero la fe en Jesús no se trata simplemente de eso, en creer que existió y que es Dios. Creer en Cristo es sólo una fe histórica, como decir, “yo creo en San Martín”… Lo importante es CREERLE A JESÚS. Tomar en serio y practicar su Palabra, Me la trasmite la Biblia y los Sacramentos, por ejemplo la Confesión. Saber qué me pide Jesús y qué me dice a través de los signos de los tiempos, que son los signos de la historia. ¿Cómo me comprometo hoy, con lo que pasa a mi alrededor? ¿Qué me pide Jesús?

EL PAN DE LA AMISTAD

Convengamos en que si creemos que Dios es nuestro creador y el creador del mundo, puede darnos de comer incluso multiplicando el pan. Pero aparentemente Jesús no es esto lo que quiere enseñarnos, por el contrario cuando lo quieren hacer rey para que les de la comida gratis, él desaparece. Por lo visto ya existía el clientelismo y había muchos que querían un gobierno que los mantuviera.
Lo que nos quiere enseñar es a compartir el pan. Si un niño tenía cinco panes y dos pescados, lo cual es mucho para el chico sólo, quiere decir que él tenía para compartir. Además si un niño había llevado su vianda, es muy probable que muchos otros también la hubieran llevado. Podían compartir. El milagro no está en multiplicar el pan, eso no sería ninguna novedad de parte de Dios para nuestra enseñanza. El milagro, la buena noticia, está en la conversión del corazón que nos lleva compartir nuestra comida y nuestra vida. Eso es comunión, unidad, amistad.
Comunión no es sólo comulgar con una hostia consagrada, sino estar en comunión con el prójimo. Si yo no estoy en comunión con mi prójimo, no puedo comulgar con la hostia consagrada, que es el signo de unidad y el vínculo de caridad, como decían los Padres de la Iglesia.
Cuando yo invito a alguien a comer a mi casa, lo invito a entrar en mi intimidad y en la comunión. No invitaría a un enemigo, sino a un amigo. Tampoco invito a un amigo cualquiera, sino a un amigo íntimo. Jesús nos invita a ser amigos íntimos, porque nos invita a su comida. Pero para ser amigos de Jesús, debemos ser amigos entre nosotros.
El otro día escuchaba por radio Continental, a una mujer de una ONG, que se explicaba que una de sus prácticas, era recibir a cualquier persona que llegar, con un gran abrazo, sobre todo si eran desconocidos. Que toda persona desconocida para mí, pueda entrar en mi casa y ser abrazada por mí.
Yo pensaba que en la Eucaristía, que es el signo de unidad y vínculo de caridad, nosotros nos abrazamos en la Misa, antes de comulgar como signo de amistad. El problema está en que nunca abrazamos a un desconocido (a lo más, un tímido saludo con la mano), sino que abrazamos a todos los conocidos y parientes, aunque tengamos que recorrer toda la iglesia. Creo que ese no es el gesto de la paz, ni de la comunión. La paz, no es un saludo social, uno un saludo de comunión.
En este mes meditaremos muchas veces en la comunión del Cuerpo de Cristo. Los invito a comenzar leyendo todo el capítulo 6º del Evangelio de San Juan y a vivirlo realmente.