viernes, 1 de enero de 2016

¡Mucha paciencia!


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Perfecto agregó un nuevo video.
Paciencia. ¡Mucha paciencia!

Muy feliz año nuevo

Muy feliz año nuevo, cargado de paz y amor, a todos los amigos en facebook. Que María Madre de Dios y Madre de la Iglesia nos bendiga y proteja.

LA VIRGEN MADRE DE DIOS Y MADRE DE LA IGLESIA. ¡FELIZ AÑO NUEVO!

LA VIRGEN MADRE DE DIOS Y MADRE DE LA IGLESIA. ¡FELIZ AÑO NUEVO!
No es fácil hablar de María, sin caer en exageraciones o falsos misticismos. Y sin embargo María es lo más grande y puro del género humano, es lo más bello y querido que tenemos. Maternidad, es un hecho biológico, físico. Pero ser Madre de Dios, no es lo habitual, o lo puramente humano. Virginidad es un hecho espiritual, pero ser Esposa y Madre por la gracia del Espíritu Santo, no es fácil de entender con el intelecto humano. Por eso, si bien hablar de nuestra madre es lo que más nos reboza del corazón, no es fácil hablar de María, sin caer en exageraciones o falsos misticismos.
Tratemos ahora de entender cómo María puede ser madre virgen, es decir, madre espiritual del Verbo, además de haber llevado a Jesús en su seno y haberlo dado a luz.
Recordemos ante todo, que la teología doctrinal es cosa del intelecto, que se estudia para creerla y saber. Y que la teología espiritual, es cosa de la experiencia, que se experimenta para vivirla. Necesitamos un poco del don de sabiduría, el sabor de las cosas de Dios, saborear el gusto de la contemplación. Miremos algo sencillo y concreto. Contemplar no es éxtasis o visiones, es simplemente, hacer una experiencia y gustar de ella, como gustaríamos de un plato sabroso y delicado. “María guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón”. Se refiere a lo que dijeron los pastores, a lo que le había dicho el ángel, al nacimiento de Jesús, su hijo y todas las circunstancias que lo rodearon. Dios, el Padre le había hablado a María, dándole a conocer su voluntad. No hubo visiones, ni éxtasis extraordinarios. Sí se relatan en el Evangelio mediante el género literario de las anunciaciones y nacimientos. Esa es la manera, como la comunidad apostólica, vivió el acontecimiento histórico, con fe sobrenatural.
Estábamos en que Dios habló a María, mediante la historia, con los acontecimientos de su vida, como nos puede hablar a nosotros. Ella recibió esa Palabra y la guardó en su corazón, ¿Cómo la guardó? “Meditándola”. Lo mismo que la podemos guardar nosotros. Así hizo encarnar y nacer, la Palabra, para después darla a Isabel y a los demás. Así María Virgen, fue Madre espiritual de su Hijo, la Palara de Dios.
Ciertamente, estos pobres pensamientos son reflexiones muy humanas y limitadas para poder entender la Palara de Dios. En la historia, no podemos encontrar nada. En la revelación está el sublime Secreto de Dios difícil de entender para nuestra pobre razón. Tratemos al menos de vivir con él y meditarlo, hacer experiencia de Él y vivirlo.

Y EL VERBO SE HIZO CARNE

Y EL VERBO SE HIZO CARNE
“Se hizo carne” y “habitó entre nosotros”. Vamos a reflexionar sobre dos aspectos de ese misterio de la Navidad. El Verbo se hizo carne. Tomó un cuerpo, para estar con nosotros, para hablar y enseñar, para anunciar el Reino de Dios e invitar a la conversión. Habló. Compendió, rió, lloró con los niños y enfermos, lloró sobre Jerusalén. También gozó con los novios en las bodas de Caná y quiso que sus discípulos, se alegraran mientras el novio estaba con ellos. Comió y tomó vino, supo ser amigo y querer a los suyos. Amó a su Madre y a José. Fue un verdadero hombre, en cuerpo y alma. También sufrió, se sintió solo y abandonado, trabajó y sudó sangre. 
Dios, su Padre no quería víctimas y holocaustos. Estaba harto de la sangre de chivos y toros. Y amó tanto al mundo que le envió a su hijo, para perdonar los pecados. Debemos dejar de lado y olvidarnos de la teología legalista que nos han inculcado, del juicio, la víctima, el sacrificio y la satisfacción vicaria. No sigamos diciendo que como el hombre cometió una ofensa infinita a Dios, debía morir y sólo la muerte y el sacrificio del Hijo de Dios, podía lavar la ofensa. No decimos que esto no sea cierto, pero es un lenguaje no propio del Dios misericordioso, ni del Evangelio del amor. Se insistió en forma tal vez unilateral, en que Cristo sufrió la Cruz y la muerte para borrar los pecados con su sangre. Esto podría parecer más propio de Moloc, el dios sanguinario que sólo se satisface devorando a sus hijos. Recordemos las pinturas negras de Goya. No es tanto que Jesús haya sufrido para “pagar la deuda del juicio”, sino que sufrió y murió “por amor nuestro”. 
Pero ahora viene el segundo aspecto del misterio navideño. No vino sólo a sufrir para perdonar nuestros pecados, sino para que el hombre se hiciera UNO con Dios. “Habitó entre nosotros”. Hay un texto de los antiguos Padres, como San Atanasio de Alejandría, que recuerda también el Catecismo de la Iglesia y que dice que “Jesús se hizo hombre para que el hombre se haga Dios. Por supuesto que esto para la mayoría de nosotros tiene sólo un significado simbólico o poético. Pero es una realidad, como enseña el Evangelio de San Juan y las Cartas de Pablo. “Iremos a él y habitaremos en él”, no significa sólo algo espiritualista y volado, sino que la Trinidad con toda su fuerza infinita está en nosotros, no sólo como una hostia consagrada en un sagrario, sino como Cristo vivo y operante, con el Padre y su Espíritu. “Nos eligió como hijos adoptivos, para ser personas en Cristo, que es nuestra Cabeza y nosotros su Cuerpo”. Es extraño que todo esto no haya sido condenado nunca por la Inquisición, por ser “panteísmo”. Todos comprenden que no es así. 
Sin embargo grandes místicos, como el maestro Eckart y Tauler, fueron condenados como panteístas. San Juan de la Cruz se libró de ser excomulgado, porque se murió antes y Santa Teresa, no fue condenada por la Inquisición, porque consideraron que “por ser mujer, no debía entender bien lo que escribía”, pero el Libro de la Vida, nunca le fue devuelto por la Inquisición y sólo fue publicado después de su muerte. Todo esto indica que la teología mística, no se pudo desarrollar bien entre los católicos. Y aun hoy, por temor a la nueva era y al budismo zen, dejamos en la sombra la riqueza inmensa de la mística cristiana, mientras muchos buscan experiencias místicas en otras sectas. Seguimos dando más importancia a la filosofía aristotélico-tomista que a la Biblia y a la tradición judeo-cristiana. Por temor al “panteísmo”, hemos dejado morir, la contemplación del UNO, la unidad mística del hombre con Dios, pero preferimos creer en el “primer motor inmóvil” de Aristóteles, para no parecernos a Plotino y al neoplatonismo. Pero nos olvidamos de “El Señor de la Historia” de la Biblia, amigo incluso de la evolución universal, a partir de su plan providente y misericordioso. La teología doctrinal, da importancia sólo a lo que se sabe. La Teología mística, es la reflexión de lo que se vive y de la experiencia de Dios. Una Teología meramente doctrinal y dogmatista, aunque sea ortodoxa y verdadera doctrinalmente, no debería ser para nosotros más importante que la teología mística que viene de la experiencia del Dios vivo de la biblia, que se hizo carne para habitar con nosotros.

EL CAMINO DEL CUERPO

EL CAMINO DEL CUERPO
Por la educación recibida, muchos estamos acostumbrados a considerar el cuerpo como enemigo de la vida espiritual. Hay prejuicios filosóficos y también malas interpretaciones de la Biblia. Cuando San Pablo por ejemplo, habla de la “carne y el espíritu” como enemigos, no se refiere a “cuerpo y alma”, sino al “hombre carnal o materialista” y al hombre espiritual”, pero ambos en cuerpo y alma. Nuestra espiritualidad, es también muy individualista. Para la filosofía tradicional, la “persona” es “el ser que subsiste” o una “substancia individual de naturaleza racional”. Es difícil, desde esta concepción trascender los muros del individuo y construir puentes hacia los demás y hacia la naturaleza como parte de nosotros mismos. Por eso la primera encíclica del Papa sobre la ecología humana o profunda, sorprende y no se entiende o se la deja “respetuosamente” de lado, sin leerla. 
Aristóteles definía al hombre como “animal racional”. Parecía que la parte superior del hombre es su “razón”, lo que le da dignidad y lo hace persona. Muy pocos de nosotros, se animarían a pensarse a sí mismos como “cuerpo”. Se llegó a decir, “pienso, luego existo”. Pero, nadie dijo: “Yo soy mi cuerpo”. Hablar de una “etapa transpersonal” del crecimiento humano, parece cosa de la nueva era. Y aunque así fuera, hay muchas cosas de la nueva era, que son buenas y nos sirven, así como decía Ratzinger, de los métodos de oración oriental, que justamente dan importancia al cuerpo, tienen cosas buenas que nos sirven, por ejemplo, la respiración, la relajación, el silencio exterior.
La filosofía personalista concibe al hombre como un ser en relación. Y el cuerpo es justamente el gran medio de comunicación que nos comunica y nos une a los demás. Incluso la sexualidad (no simplemente el “sexo genital”) nos impulsa a salir de nosotros mismos y unirnos al otro. Y nos descubre nuestra fragilidad e historicidad, que nos dice que solos, no podemos…Por eso ser “persona” es ser comunitarios. Y el cuerpo si bien es un principio de individuación, que nos separa físicamente de otros individuos, también es principio de comunicación y canal de amor y amistad. Dios cuando quiso comunicarse con nosotros “tomó un cuerpo”. Para estar con nosotros incluso para trabajar y sufrir por nosotros. Él no quiere víctimas y holocaustos, por eso tomó un cuerpo”. 
La espiritualidad cristiana no consiste en destruir el cuerpo, que es la obra más maravillosa de Dios, sino en cuidarlo y convertirlo en templo del Espíritu Santo. El cuidado del cuerpo, impone una ascética, sí. Deporte, dieta, caminar, cuidar la salud, el corazón, el cerebro, son ocupaciones muy importantes de nuestra vida espiritual. El trabajo y la actividad que hacemos con nuestro cuerpo, se puede transformar en una contemplación en la acción: “el trabajo bien hecho de ayuda a los otros. Tenemos que construir “relaciones sanas” con nosotros mismos, con nuestro cuerpo, con los demás con el mundo y con Dios. No la espiritualidad del “ te doy, para que me des)”. Pero tampoco la espiritualidad de la ascensión al monte, cada uno por donde pueda y solo. Subir, dejar, abandonar, desprenderse, pero siempre solos...no. Reprimir, mortificar, castigar, sin amar, no es cristiano. El camino de la espiritualidad, creíamos que partía de lo exterior, y llegaba al corazón. No está mal, pero solos, no. Hoy para algunos, el nuevo camino parte del corazón, baja al cuerpo y lo incorpora a la vida espiritual y va hacia los demás. Como María que lleva la Palabra de Dios en su cuerpo. Como Isabel que siente a su hijo estremecerse de alegría por la presencia de Dios, en su vientre.

MADRE TERESA SERÁ SANTA

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MADRE TERESA SERÁ SANTA: RECONOCIDO UN MILAGRO ATRIBUIDO A SU INTERCESIÓN
Queridos amigos, la Congregación para las Causas de los Santos ha publicado hoy un decreto, aprobado por el Papa Francisco, en el que se reconoce un milagro atribuido a la intercesión de la Beata Madre Teresa de Calcuta.
El 10 de septiembre de 2008, un ingeniero brasileño, en coma por una gravísima enfermedad en el cerebro, fue llevado al quirófano para practicarle una operación de riesgo. El dia antes su esposa había llamado a un sacerdote para que le administrara el sacramento de la Unción. El sacerdote lo hizo, y luego les dio una medallita de Madre Teresa y les dijo que rezaran pidiendo un milagro por su intercesión.
El cirujano, al entrar en el quirófano, encontró al paciente sentado en la mesa de operaciones, despierto y consciente, que le preguntaba: “¿Qué hago yo aquí?”.
Posteriormente se comprobó que la curación había sido instantánea, y los múltiples abscesos que estaban matando al paciente habían desaparecido, inexplicablemente. Se trata de uno de los raros casos de milagro de “primer grado”, es decir, una curación total que comporta la sanación de los órganos destruidos por la enfermedad de alguien que estaba al borde de la muerte. La mayor parte de los milagros certificados en el Vaticano son de “tercer grado”: curaciones instantáneas de enfermedades sobre las que la medicina hubiese podido obtener resultados solo después de mucho tiempo.
Hoy día, el ingeniero tiene 40 años, lleva una vida normal en Río de Janeiro, y obtuvo el primer lugar en un concurso público federal. Los médicos le dijeron que, a causa de los medicamentos que le habían dado, no podría tener hijos; sin embargo, los esposos pidieron de nuevo a Madre Teresa que intercediera por ellos ante el Señor, y hoy día tienen dos hermosos hijos.
Toda la familia estará presente en la canonización de esta santa que estuvo siempre en las periferias junto a los más pobres de entre los pobres.

El Papa confirma que visitará México en febrero de 2016

VATICANO, 12 Dic. 15 / 01:26 pm (ACI).- El Papa Francisco ha confirmado esta tarde en el Vaticano que viajará a México el próximo febrero de 2016. Lo ha hecho en la…
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FELIZ CUMPLEAÑOS

FELIZ CUMPLEAÑOS.
1. Fue a la óptica de su barrio a buscarse unas gafas nuevas. 2. Sus zapatos parecen un poco gastados, como los nuestros. 3. Es bueno con su madre;…
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Lo que es bueno para el corazón es bueno para el cerebro


En el VIII Simposio de Neurociencias organizado por…
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Felicidades y paz para todos.

Felicidades y paz para todos.

NOVENA DE NAVIDAD

COMIENZA LA NOVENA DE NAVIDAD. FELICIDADES Y PAZ PARA TODOS.

ESPERANZA Y ALEGRÍA

ESPERANZA Y ALEGRÍA
Seguimos hablando en ese Adviento, del tema de la esperanza. Hay muchos motivos para que tengamos que renovar la esperanza, tal vez porque hay también muchos que nos inducen a perderla.
La posibilidad de perder el objeto de nuestros deseos placenteros, nos produce temor. Pero la posible pérdida del objeto de la esperanza es miedo.
Necesitamos la fortaleza que es una virtud cardinal y un don del Espíritu Santo, para moderar los temores y refrenar los miedos. La fortaleza nos da también paciencia y constancia o perseverancia. El Paciente es el que tiene capacidad de soportar el sufrimiento, por ejemplo de la una enfermedad, pero también los dolores y sinsabores de la vida y todo aquello que nos afecta y que constituye nuestra afectividad.
Se puede sufrir y estar alegre, lo que no se puede es sentir dolor y alegría a la vez, es decir estar contento y triste al mismo tiempo por el mismo motivo. Tal vez, se pueda sentir en parte dolor y en parte alegría, por motivaciones distintas y esto nos puede pasar muchas veces.
Hoy, el motivo de nuestra alegría es la esperanza de la venida de Jesús. Ya sabemos que Cristo volverá al fin de los tiempos. También que vino como recuerdo histórico hace dos mil años. Pero Viene hoy. No viene sólo en secreto y espiritualmente por la oración. Viene socialmente, en medio del mundo y de la historia hablándonos a través de sus enseñanzas con los acontecimientos de nuestra vida.
Podemos adelantar la venida del Reino de Dios, con nuestra actividad. Toda acción bien hecha en favor de nuestros hermanos, está adelantando la llegada del Reino. Navidad es hoy. La actividad puede unirse a la contemplación de los signos de Dios en la historia y ser parte de nuestra vida mística. Dicho de otra forma, podemos encontrar a Dios, no sólo en la oración privada, sino también trabajando por los demás. Esto es otra forma de orar, que nos acerca a Dios. Es verdad que casi todos creen que la mística, consiste en visiones y éxtasis o sueños sobrenaturales. Pero no es así. La finalidad de la encarnación es unir nuestra vida a la de Dios, llegar a ser UNO, con Dios por Cristo, en el Espíritu, Y también con nuestros hermanos en la medida que todos nos unimos a Él.
Sucede que tenemos una teología demasiado doctrinal y dogmática y nos hemos olvidado del Evangelio de San Juan o las enseñanzas de Pablo, sobre la vida con Dios y sobre ser uno en Cristo. En definitiva necesitamos una experiencia de Dios, como ya lo hemos señalado varias veces en este adviento. Esa es muestra mayor esperanza y alegría.

DESEO DE CONTEMPLAR A DIOS

DESEO DE CONTEMPLAR A DIOS
(Del libro Proslógion de san Anselmo obispo)
Seguimos en este tiempo de esperanza, examinando “nuestros deseos”, especialmente el “deseo de dos”. La vida mística, no es un montón de “sueños” y “visiones”, ni tampoco éxtasis y fenómenos que creemos propios de “los santos”. No es tampoco una teología doctrinal o intelectual, como la que escuchamos siempre y la que Uds. Me respondieron la vez anterior, cuando yo les propuse hacer un ejercicio y escribir alguna “resonancia”. La mística es “una experiencia de Dios”, en la vida práctica. Fíjense cómo oraba San Anselmo:

"Deja un momento tus ocupaciones habituales, hombre insignificante, entra un instante en tí mismo, apartándote del tumulto de tus pensamientos. Arroja lejos de ti las preocupaciones agobiantes y aparta de ti las inquietudes que te oprimen. Reposa en Dios un momento, descansa siquiera un momento en él.
Entra en lo más profundo de tu alma, aparta de ti todo, exepto Dios y lo que puede ayudarte a alcanzarlo; cierra la puerta de tu habitación y búscalo en el silencio. Di con todas tus fuerzas, di al Señor: «Busco tu rostro; tu rostro busco, Señor.»
Y ahora, Señor y Dios mío, enséñame dónde y cómo tengo que buscarte, dónde y cómo te encontraré.
Si no estás en mí, Señor, si estás ausente, ¿dónde te buscaré? Si estás en todas partes, ¿por qué no te veo aquí presente? Es cierto que tú habitas en una luz inaccesible, ¿pero dónde está esa luz inaccesible?, ¿cómo me aproximaré a ella?, ¿quién me guiará y me introducirá en esa luz para que en ella te contemple? ¿Bajo qué signos, bajo qué aspecto te buscaré? Nunca te he visto, Señor y Dios mío, no conozco tu rostro.
Dios altísimo, ¿qué hará este desterrado, lejos de ti?, ¿qué hará este servidor tuyo, sediento de tu amor, que se encuentra alejado de ti? Desea verte y tu rostro está muy lejos de él. Anhela acercarse a ti y tu morada es inaccesible. Arde en deseos de encontrarte e ignora dónde vives. No suspira más que por ti y jamás ha visto tu rostro.
Señor, tú eres mi Dios, tú eres mi Señor y nunca te he visto. Tú me creaste y me redimiste, tú me has dado todos los bienes que poseo, y aún no te conozco. He sido creado para verte, y todavía no he podido alcanzar él fin para el cual fui creado.
Y tú, Señor, ¿hasta cuándo nos olvidarás, hasta cuándo dejarás de apartar tu rostro? ¿Cuándo volverás tu mirada hacia nosotros? ¿Cuándo nos escucharás? ¿Cuándo iluminarás nuestros ojos y nos mostrarás tu rostro? ¿Cuándo accederás a nuestros deseos?
Míranos, Señor, escúchanos, ilumínanos, muéstrate a nosotros. Colma nuestros deseos y seremos felices; sin ti todo es hastío y tristeza. Ten piedad de nuestros trabajos y de los esfuerzos que hacemos por llegar hasta ti, ya que sin ti nada podemos.
Enséñame a buscarte, muéstrame tu rostro, porque si tú no me lo enseñas no puedo buscarte. No puedo encontrarte si tú no te haces presente. Te buscaré deseándote, te desearé buscándote; amándote te encontraré, encontrándote te amaré".

¡Gracias Francisco por haber venido!

¡Gracias Francisco por haber venido!
Juan J. Aguirre, Obispo de Bangassou (Rep. Centroafricana)
¡Gracias Papa Francisco por haber venido! Al principio no nos lo creíamos: ¿Cómo todo un Papa viene a pisar la tierra roja de este país ensangrentado por la sangre también roja de tanta pobre gente?
Sin embargo, querido Papa Francisco, te saltaste las recomendaciones de los más cautelosos, no quisiste chaleco antibalas, te subiste en el Papa móvil sin blindar, para que todos te vieran mejor y te pusiste a hablarnos de paz y reconciliación.
Que con la paz todo se gana, mientras que con la guerra todo se pierde. Cosas sencillas pero que necesitábamos mucho volver a oírlas. Que la violencia no conduce nunca a la paz sino que genera más violencia hasta crear un remolino de violencia que engulle inocentes y pecadores.
Recién llegado, arropado por una multitud entregada y 2.800 scouts que ponían orden, pasaste por el mismo lugar en la avenida Combatant en el que, hace poco menos de un mes, cuatro representantes de un grupo radical que venían a Bangui a negociar fueron linchados con palos y machetes.
Tocaste a los niños desplazados, que han perdido casa, familia, escuela, niños noqueados por la violencia, niños heridos por las balas, niños de casas quemadas que miran el horizonte sin ver ya nada más porque les habían robado su inocencia, de tantas maldades de las que han sido testigos.
Hijos del miedo, hijos del hambre, niños musulmanes y no musulmanes en dos campos de desplazados distintos, sin hacer diferencias, niños de mirada perdida a quienes les han saqueado el alma en Bangui. Te paseaste entre ellos, con los zapatones negros que trajiste desde Argentina... Gracias porque te pusiste en su lugar y denunciaste sin paliativos que muchos de aquellos niños y jóvenes habían sido utilizados por criminales como carne de cañón y esclavas sexuales.
¡Entraste en la mezquita de Koudoukou sin miedo a las balas! El Imán Layama Kobina no estaba allí porque se la tienen jurada incluso muchos de los suyos, pero la habían pintado y aderezado sólo para ti Papa Francisco, porque decían que era un gran honor que pisaras sus esteras con tus pies desnudos y les hablaras de paz. Cinco minutos quisiste rezar donde suele predicar el Imán, sin decir nada, en silencioso recogimiento.
Sólo después les saludaste con una gran sonrisa. No sé si los violentos te escucharán, pero sé que aquellos que te escucharon quedaron sobrecogidos. Lo mismo cuando hablaste en la escuela de Teología protestante. Lo mismo cuando, rompiendo el protocolo y te acercaste a la escuela musulmana para escuchar los lamentos de mujeres que lloran con lágrimas de dolor, del mismo color por cierto que las lágrimas de las madres no musulmanas que viste el día anterior.
Un Papa en Bangui sin chaleco antibalas cuando dos días antes los Kalasnikof no dejaron de tronar durante toda la tarde, allí mismito, a dos tiros de piedra de la Nunciatura, por la avenida Boganda abajo, en el P.K. 5 en donde hasta por respirar te juegas la vida.
Tuviste un recuerdo para los combonianos de la parroquia de Fátima, que no pudieron verte por no abandonar los 500 desplazados sentenciados a muerte si salían de la verja de la misión. ¡Dijiste que te hubiera gustado ir a Fátima, insuflar ánimos allí! No pudo ser, por motivos de seguridad.
Gracias por recordarme durante la comida con los Obispos que San Ambrosio decía que el nombre de Dios es misericordia y que donde hay misericordia, allí está Dios.
Estuviste "sembrao" Papa Francisco cuando sugeriste entre líneas que los que mueven los hilos para que nada funcione en Centroáfrica, curiosamente, no viven en Centroáfrica, y que nadie tiene que huir de Centroáfrica por ello, porque tuviste valor de decirlo todo sin pelos en la lengua, hablaste con arrojo a los jóvenes de Centroáfrica, confesaste a algunos y te paseaste en medio de los pobres como cuando te llamaban Padre Jorge por los arrabales de Buenos Aires.
Gracias porque nos has dado valor y esperanza, porque no te callaste, porque miraste a la cara a los pobres, porque abriste la Puerta Santa de la Misericordia enseñándonos un carril prioritario, diferente del resto de la Iglesia, para ir más rápido hacia Sus Manos, experimentar su amor, y nos pediste que lo repartiéramos después, en forma de gestos de reconciliación.
Nos enseñaste un camino, nos mostraste cómo salir de hoyo, del laberinto en el que estamos... Cuando, después de la foto ritual en la Nunciatura, te tomaste a mi brazo para subir los escalones, sentí tu fuerza, no tanto física, sino sobre todo humana y espiritual. Bromeamos contigo en la comida con los Obispos cuando te enseñamos dos palabras en sango: ndoyé y siriri. Las repetiste a los jóvenes de la vigilia de oración 3 horas después: "Empapen su vida de amor y paz"
La multitud del estadio de 20.000 plazas te sobrecogió, se te vio en la cara, porque rugían de amor y respeto cuando les dijiste de "pasar a la otra orilla" es decir pasar página y empezar de nuevo en la sociedad centroafricana. Cuando gritaron a una el ema popular cristiano, sonreíste de oreja a oreja. Cuando me diste un regalo, (una custodia) me dijiste en español que rezara por ti y me guiñaste un ojo...
Luego, querido Papa Francisco, subiste al avión sobre las 12:30 hs de esta mañana, el segundo día de tu visita a Bangui, sin haber ni siquiera comido aún, y nos quedamos mirándote y mirándonos, huérfanos ya de ti, como embobados despertando de un sueño, oyendo en sordina el ruido del Boeing de Alitalia que te trajo hasta nosotros y que te llevaba de vuelta a Roma, porque mientras has estado, las armas se han callado unas horas, por respeto a ti.
¡Ojalá que te quedaras para siempre! Te fuiste a tu quehacer en Roma y en el mundo, a tu vatileaks, a bregar con asuntos de corrupción y a tu Santa Marta querida. Y nosotros, sin paz ni pan, a nuestra lucha por estar junto a los pobres por decirles que mañana será mejor, que después de la tempestad viene la calma.
¡Mi gente de Bangassou han recogido en unos botecitos tierra en donde tú pisaste! Dicen que está bendecida por tu huella. La llevarán a Bangassou como testigos de lo que han vivido en Bangui, de la inmensa esperanza que has sembrado en sus corazones porque por una vez en sus vidas, demonios negros armados de violencia se trocaron en un ángel blanco vestido de Papa Francisco. Que tus palabras de perdón y de paz, a fuerza de repetirlas, se nos metan en la piel, en el vientre y en el corazón.
Y gracias corazón a Dios Padre que nos ha permitido que nadie nos agüe la fiesta, que ningún retorcido nos estropee el encuentro, que ningún descerebrado haga daño a nadie. Y gracias sobre todo a Dios Padre que ha querido regalarnos dos días de ensueño, teñidos de paz.

Qué aconseja el Papa a quienes han sufrido y guardan rencor

Un lujo.
Respuesta del Papa a joven que le preguntó cómo superar el abandono o la indiferencia de los seres queridos.
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NUESTROS DESEOS

NUESTROS DESEOS
El tiempo de esperanza que comenzamos con este adviento, nos ayuda a examinar y comprender mejor nuestros pequeños deseos de todos los días. ¿Qué diferencia hay entre esperanza y deseo? Ya Santo Tomás decía que la esperanza es una pasión ardua y se da con respecto a bienes difíciles y arduos. El deseo en cambio es el amor de cosas pequeñas y simples o deleitables, si bien no es nada despreciable. Nuestra vida está hecha de cosas grandes que esperamos con toda el alma y también de muchas otras pequeñas, que son loas de todos los días, que nos satisfacen y que deseamos conseguir. La esperanza de ver Dios, es la esperanza más grande que podemos tener y por eso necesitamos una virtud teologal como ayuda del Espíritu Santo. Pero es cierto que también necesitamos experiencias de Dios, que aunque sean pequeñas o cotidianas, nos vayan alimentando aquí en el día a día.
¿Por qué muchos hoy cuando quieren tener una experiencia de Dios acuden al budismo? ¿Será porque muchos cristianos ignoran la enorme tradición espiritual y mística cristiana? Bastaría citar a San Agustín, San Juan de la Cruz y Santa Teresa que son más cercanos y accesibles a nuestra cultura. Y también tantos otros. ¿Será que los mismos sacerdotes y teólogos o catequistas, están olvidados de esta experiencia mística? Ciertamente muchos cristianos y también consagrados, piensan que estas cosas son extraordinarias y no son para todos y por eso no se preocupan de cultivarlas y enseñarlas.
Comencemos por dos cosas pequeñas: primero examinar nuestros deseos, todos los más puros y los menos y tratar de purificarlos todos, también los deseos lícitos de cosas deleitables o necesarias. Segundo, dedicar unos minutos a cerrar los ojos en posición de descanso, respirar profundamente, tratar de imaginarlo a Jesús o al Padre y luego “hablarle”, como amigo y Padre. No simplemente a pedirle. A hablarle. Después, si hay alguna resonancia de esto, podemos hablar más. Feliz Advenido y experiencia de Dios.

Emotivo encuentro del Papa en campo de refugiados de RCA:

29 de noviembre, 2015. Desde 2013, el 25% de la población del país se ha visto desplazada por la guerra.
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ADVIENTO

ADVIENTO
El adviento tiene tres tiempos: uno pasado, uno futuro y otro presente. El pasado es la espera del Nacimiento de Jesús, acontecimiento que sucedió hace dos mil años. El futuro será la segunda venida de Jesús al fin del mundo. El presente es Jesús que nace hoy en nosotros, a cada momento cuando tratamos de construir, con su ayuda, el reino de Dios, o sea su segunda venida, que ya está llegando.
El Evangelio define esa tercera llegada como “liberación”. Dice que cuandoveamos, cataclismos y señales en el sol, la luna y las estrellas, no temamos sino que alcemos la cabeza, porque está por llegarnos la liberación. Pero también dice que no llegará enseguida el fin. Deberemos sufrir para dar testimonio, pero Él estará con nosotros hasta el fin.
Esto significa que si vemos hoy, catástrofes en el cielo y en la tierra, bombardeos y destrucción, martirio y crucifixiones, es señal que está llegando la liberación. Los signos de los tiempos. El tiempo de la tercera navidad, la venida de Jesús a nuestra vida y a nuestra historia. También si sufrimos, si nos salen mal las cosas, a pesar de haber pedido la ayuda de Dios, si hay enfermedades y contratiempos, Está por llegarnos la liberación, porque está viniendo Jesús, que murió en la Cruz y resucitó. Estuvo colgado como a veces nosotros o más que nosotros, para comprendernos, no para sacarnos todas las cruces enseguida. Pero está viniendo, está por llegar la libración. Vamos a ser librados de todos los males, del mal de mundo, de los hombres, de nuestros compañeros y de los malos cristianos, de los que hablan contra el Papa, aunque sean grandes dignatarios en la Iglesia.
En nuestra querida patria, tan atípica e imprevisible, la palabra “liberación” sonaba en una época como mala palabra. Sin embargo, “liberación “, como “hombre nuevo”, son palabras que están en la Biblia y que por eso engendran la ESPERANZA” del ADVIENTO y que esperamos llegar a ser nosotros. Hombres Nuevos en Cristo y liberados por su Nacimiento, con nuestro humilde esfuerzo y con su Gracia liberadora.

¿Qué lleva el Papa en el bolsillo?

“Les voy a contar una confidencia. Hay dos cosas que siempre llevo”, dijo en Kenia.
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Adelita Serra

Me enteré por un enlace de Adviento, que murió Adelita Serra. La recuerdo con cariño y oro por ella. Creo que estará ahora, haciéndole de secretaria a María Auxiliadora allá y de paso ayudando también a don Bosco.

¡Buenos días, actualler!

¡Buenos días, actualler!
El Papa visita un continente africano de contrastes, entre el desvelo y las oraciones por la seguridad en Kenia, Uganda y República Centroafricana, las estaciones de un viaje de seis jornadas con el mayor riesgo de atentado al que ha tenido que hacer frente en su pontificado.
Nunca, un Papa ha visitado una zona de guerra, como hará Francisco el domingo en la República Centroafricana, con unas milicias yihadistas muy activas y el mundo en alerta por los últimos atentados islamistas en París, Líbano, Ankara y Túnez.
África es la viña más fértil del catolicismo. El continente de la esperanza, como lo llamó Juan Pablo II –un africano más: lo visitó en 42 ocasiones–, tiene más 200 millones de católicos. Su número es tres veces mayor que hace 30 años, y sigue creciendo a un ritmo muy superior al de los musulmanes y los cristianos de las iglesias protestantes.
Te he escogido dos gráficos sobre la población católica en África; los tienes en la sección De un vistazo, más abajo.
Al Santo Padre lo recibe una Iglesia joven y viva, muy diferente a la fatigada barca de Pedro en Europa. Se espera a dos millones de personas en la Eucaristía al aire libre del próximo sábado, en Kampala, junto al santuario de Namugongo, que recuerda a 22 mártires misioneros de finales del XIX, canonizados por Pablo VI hace cincuenta años.
En África, el pueblo cristiano forma comunidades emprendedoras, alegres, valientes, volcadas con los más necesitados. La Iglesia Católica provee educación y cuidados médicos. En Kenia, el 25% de las escuelas son católicas y en Uganda, hasta hace 15 años, todas lo eran. Instituciones de la Iglesia llevan infraestructuras de agua y saneamiento a zonas rurales a las que no llegan los gobiernos.
Es también una Iglesia resistente en cuestiones de principios. Ninguna otra institución regional está denunciando con un discurso tan vigoroso y audaz la agresiva diplomacia de la ONU y de las potencias globales para imponer la ideología de género y el control de la natalidad mediante el aborto y el uso generalizado de anticonceptivos.
El Vaticano mantiene todos los actos del programa en Bangui, la capital centroafricana, incluidas dos eucaristías, la apertura de la puerta santa de la catedral y un encuentro con líderes musulmanes en el peligroso distrito PK5, controlado por los yihadistas.
“Tengo más miedo de la picadura de mosquito”, dijo con buen humor Francisco a los periodistas en el avión rumbo a Nairobi.
Hay detrás de esas palabras un testimonio de entrega, como sin darle importancia, que es radicalmente evangélico y que, probablemente, no se entienda en las sociedades secularizadas que han renunciado a vivir la trascendencia, esa “presencia real” del sentido de la que habla George Steiner.
Mientras París se fortifica en estos días para recibir a los gobernantes del mundo en la cumbre del clima, o, en España, actores, activistas y políticos pontifican sobre la paz a miles de kilómetros de la guerra, el Papa, sencillamente, va a encontrarse con millones de personas a las que confortará su presencia. Sufren guerras civiles y terrorismo, pobreza, enfermedades, desplazamientos forzosos, persecución y martirio por causa de su fe. En medio de este corazón de las tinieblas digno de Conrad, son capaces de experimentar la “presencia real” de Cristo y lo celebran con una alegría y una vitalidad que en Europa parecen marcianas.
Es por este milagro, seguramente, y no por temeridad, por lo que el Santo Padre va a África de buen humor y despreocupado de su propia vida, mientras en algunas capitales europeas, el Estado nos pide que, por nuestro bien, ni siquiera salgamos de casa.– V. Gago
[Con información de Actuall, Crux, The Wall Street Journal, Aceprensa, News.va y La Vanguardia]

El REINO DE LA VERDAD

El REINO DE LA VERDAD
Delante de Pilato, Jesús proclamó que era Rey y que “los que son de la verdad escuchan su voz”. Podemos decir que el Reino de Dios para Jesús, es el Reino de la Verdad. Jesús es identificado con el Verbo, en la Trinidad, que es la Verdad o la Sabiduría de Dios.
Dios es la verdad última a la que tiende la razón de todo hombre, impulsada por el deseo de recorrer el camino de la proia vida. Dios no es una palabra vacía ni una hipótesis abstracta; al contrario, es el fundamento sobre el que se ha de construir la propia vida. Vivir en el mundo implica aceptar la responsabilidad que impulsa a investigar todos los caminos con tal de acercarse lo más posible a Él, que es el fin hacia el cual tiende todo (cf. 1 Co 15, 24). Eso es el Reino de Dios y Él nos encomendó a nosotros, construirlo.
Tener fe, es saber que Dios tiene un rostro, que se mostró para siempre en Jesús y que en Él se hizo cercano a todo hombre. El Concilio dice: "El Hijo de Dios, con su encarnación, se ha unido, en cierto modo, con todo hombre. Trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de nosotros, en todo semejante a nosotros excepto en el pecado" (Gaudium et spes, 22). Acá comienza a entenderse un poco lo que es el Reino de Dios, según Jesús. Él decía “El reino de Dios está cerca”. También “ya ha llegado, conviértanse y crean en el Evangelio”. Evangelio es “la buena noticia”. El anuncio o la buena noticia del amor, de la caridad universal. Conocerlo a él es conocer la verdad plena, gracias a la cual se encuentra la libertad: "Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres" (Jn 8, 32).
Un gran sabio y santo, San Anselmo decía: "Que yo te busque deseando; que te desee buscando; que te encuentre amando; y que te ame encontrándote" (Proslogion, 1). Ojalá que el espacio del silencio y de la contemplación, que son indispensables para pensar en los interrogantes del hombre de hoy, encuentren en cada uno de nosotros un espacio de atención para valorar su importancia, su eficacia y sus consecuencias tanto para la vida personal como para la social, en nuestra familia, en nuestro trabajo, en la sociedad, en el País. La comunidad y la Iglesia son instrumentos de este Reino, de modo que lo que hagamos por construir la sociedad lo hacemos por el Reino de Dios. Lo que hacemos por construir la Iglesia, lo hacemos por construir el Reino de Dios.

Padre Pio


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LA LEJANÍA DE DIOS

LA LEJANÍA DE DIOS
Si Uds. leen el Evangelio de Hoy en la Biblia, verán que el Discurso Escatológico termina con una invitación a la “vigilancia”, es el párrafo siguiente al que se pone acá, o sea Mc 13, 33-37).
Digo esto porque la vigilancia es la virtud de interpretar los “signos de los tiempos”. Es una virtud escatológica, una parte de la sabiduría o prudencia que nos ayuda a entender nuestra vida y lo que pasa en el mundo y en la historia.
Pero ¿A qué viene este discurso de hablar de temas escatológicos? Digamos que lo “escatológico” es lo “definitivo” o también lo “final”, lo que viene al fin y dura para siempre. Los signos de los tiempos, suceden constantemente en nuestra vida y en el mundo, pero es necesario saber interpretarlos, y entenderlos. Para eso hace falta “vigilar”, estar atentos, pensar, reflexionar pero plantear las cosas desde Dios y no desde nuestro interés.
Jesús enseña a interpretar los signos, pero digamos la verdad: los signos que enseña Jesús, no son demasiado claros. De la higuera hay que aprender, que cuando vemos las yemas y los brotes, es señal de que se acerca la primavera. Así en nuestra vida y en el mundo, hay señales de que algo se está terminando y que viene algo nuevo. Pero lo nuevo, es Él, que está cerca de nosotros y que vendrá de golpe como un relámpago que cruza el cielo.
Sólo vemos en nuestra vida y en nuestro mundo, las tormentas, las sacudidas y las tribulaciones. Algo así como lo que pasó en París anoche. Todos están alertas y vigilando, pero lamentablemente, no para entender lo que quiere Dios, sino para ver, donde metemos la bala.
Pongamos ahora estas cosas en la perspectiva de la fe. Significa ver los acontecimientos y las tendencias del hombre desde perspectiva del Reino de Dios, que se acerca y requiere un cambio de corazón y de mentalidad de parte de nosotros. Aprender las cosas básicas sobre los seres humanos, un nuevo aprendizaje de otras formas de hacer las cosas o de pensar en su significado, desde Dios.
Dios parce estar lejos. Cuantas veces decimos “Dios se fue de viaje”. “No está, no nos escucha”, “está mirando para otro lado” o directamente “no existe”. En realidad, Dios está escondido, parece lejano, ausente, parece haber huido de París, de Siria, del mundo, de nuestra vida. Pero está cerca. Más cerca de lo que creemos. Nos está mirando. Entonces ¿por qué no cambia las cosas? Porque eso, nos lo deja hacer a nosotros. El Reino de Dios está viniendo y Él quiere que lo traigamos nosotros. Después vendrá Él. Como un relámpago. Ya hay pequeños signos. ¿Cuáles son los signos de Dios en mi vida?

PERFIL BAJO

PERFIL BAJO
Muchas veces tuve la impresión de que muchos hablan de “perfil bajo”, pero no son tantos los que entienden qué significa.
Si buscamos un ejemplo en el Evangelio, se me ocurre que podría ser esta viejita del Evangelio de Hoy, que da todo lo que tiene, en silencio y calladamente.
La teoría del “perfil bajo “Jesús la presenta como “Hacer el bien, sin mirar a quién” o como “que no sepa tu mano derecha lo que hace la izquierda”. Me acuerdo cuando era chico, que en casa no sólo mi madre, sino especialmente mi hermana mayor, era un modelo de esto. Siempre aparecían las cosas bien, hechas, limpias, arregladas y nadie sabía quién lo había hecho, hasta que me acostumbré a saber que era mi hermana, la que sin decir nunca nada, se ocupaba de las necesidades mías.
Como la espiritualidad cristiana consiste no tanto en alimentar la mente, sino sobre todo el espíritu y el corazón, se me ocurrió que hoy podemos reflexionar sobre el contenido de esta oración, para luego vivirla. Es la oración del “perfil bajo”, que encontré una vez en un papelito, cuando era chico en el seminario. Ni sé de quién es, pero dice así:
¡¡¡ENSEÑAME, SEÑOR!!!
Enséñame Señor, a ser dulce y BUENO en todos los acontecimientos de la vida; en los desengaños, en el descuido de los otros, en la falta de sinceridad de aquellos en quienes confié...en la infidelidad de aquellos en quienes creí.
Déjame Señor, que me olvide de mí mismo, para pensar en la felicidad de los otros.
A ocultar mis pequeños sufrimientos de tal modo que yo sea el único que los padezca.
Enséñame, a aprovecharme del sufrimiento que se me presenta en mi camino. Que lo use para suavizarme, no para endurecerme ni amargarme.
Señor, deja que me haga paciente, no irritable, generoso en mi perdón, no mezquino, altivo e insufrible.
Que nadie sea menos bueno por haber percibido mi influencia.
Que nadie, Señor, sea menos puro, menos auténtico, menos dulce, menos noble, por haber sido mi compañero de camino en la jornada hacia la VIDA ETERNA.
Y mientras voy dando vueltas de una distracción a otra, déjame Señor, susurrar de rato en rato una palabra de amor hacia ti.
Permite, oh!!! Mi Señor, que yo viva mi vida en lo sobrenatural lleno de alegría para el bien y vigorosa en su empeño de santidad.
AMÉN.

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