domingo, 12 de abril de 2015

DOMINGO DE LA MISERICORDIA


La misericordia, era un sentimiento casi desconocido en el mundo antiguo, donde los padres mataban a los hijos deformes y el pueblo gozaba viendo morir a los gladiadores. Era una sociedad sádica y enferma de sed de sangre. La característica del hombre “fuerte”, era la crueldad y para eso se entrenaban desde niños. No había piedad para con el pobre o el esclavo. Quizás, en algunos aspectos hoy estamos volviendo a eso.
Por eso el mensaje de Jesús sobre la misericordia es sencillamente celestial. Viene del Corazón de Dos, que tanto amó a los hombres, que les dio a su Hijo único para salvarlos y no condenar a nadie. Pero lamentablemente, aunque parezca mentira, los cristianos todavía no terminamos de creernos este mensaje. O tal vez lo creemos en teoría, pero no lo vivimos en la realidad de nuestra vida. ¿Será que nos hacemos un Dios semejante a nosotros, a nuestra imagen y semejanza? Si somos vengativos, Dos será el “justiciero” incapaz de perdonar. Si somos rencorosos, Dios es aquel que castiga. Y así sucesivamente. No podemos entender, que Dios es “corazón para la miseria” (“miseri-cordia”, “miseri-cordioso”) y que Dios es Amor, en su esencia.
Todo esto se nota después en la Confesión. No hace mucho presentábamos una guía para la confesión, que prestaba más atención a las situaciones y actitudes internas, que a los actos concretos y puntuales. La confesión debería ser un dialogo liberador. Una conversación con el Señor que nos ama y nos perdona. Un encuentro de amor con un Amigo. Pero no es así. Normalmente los presupuestos de que parte la confesión de muchos cristianos, son una comprensión de la Religión como “carga o peso” y fuertes sentimientos de “culpa y miedo”.
Nos pesan las cosas de la Iglesia y de Dios. Nos resultan cargas pesadas y a veces insoportables, pero que generan muchos sentimientos de culpa cuando no los cumplimos. Por otro lado, el miedo a Dios y a sus castigos. El miedo al juicio y la condena del pecado. El Dios de la misericordia, que ama a los hombres y no castiga, es decir el Dios que anuncia el Evangelio, ya no existe. Cede el lugar a este dios sombrío y severo, que no tiene corazón y no comprende nuestra miseria. ESTE NO ES EL DIOS QUE ANUNCIA JESÚS, ¡EL EVANGELIO DE LA BUENA NOTICIA!
Nuestra religión es una alianza de amistad con el Dios de Jesús. No es un código riguroso y legalista de preceptos y mandamientos. Y respecto a nuestras culpas, comprendamos de una vez. Que SÓLO SOMOS RESPONSABLES DE NUESTROS ACTOS VOLUNTARIOS. Es decir, de lo que hacemos libremente, a sabiendas.
El Papa ha declarado ese año, EL AÑO SANTO DE LA MISERICORDIA. Que el Señor nos bendiga y acompañe. Tengamos fe en el Amor. Sólo el Amor es digno de fe.

No hay comentarios:

Publicar un comentario