Leonardo Boff: “Don Jaime y Francisco" (Extractos):
Pasó por Buenos Aires y habló ante un apiñamiento de gente que lo escuchó en un silencio sólo interrumpido por estampidas de gestos de respaldo a sus reflexiones. El cura franciscano y brasileño deslizó sus convicciones en favor de la dignidad de la vida desde el inmenso humanismo que lo define.
Por CARLOS TORRENGO | carlostorrengo@hotmail.com
Pasó por Buenos Aires y habló ante un apiñamiento de gente que lo escuchó en un silencio sólo interrumpido por estampidas de gestos de respaldo a sus reflexiones. El cura franciscano y brasileño deslizó sus convicciones en favor de la dignidad de la vida desde el inmenso humanismo que lo define.
Por CARLOS TORRENGO | carlostorrengo@hotmail.com
- La palabra "malestar" emerge en sus reflexiones cada vez con más centralidad a la hora de definir la situación promedio del mundo emocional, situación personal, de cientos de millones de seres a lo largo del planeta. ¿Por dónde comienza ese malestar?
- Pensemos desde un punto de malestar: la idea de progreso individual y en comunidad. A los millones y millones de seres hundidos en la pobreza, la marginación, la injusticia, se suman millones y millones de seres cuyas existencias penden de trabajos precarios, cotidianidades de creciente baja de calidad de soluciones a problemas que les impiden vivir con un mínimo de dignidad, explotación, prácticas impunes por parte del poder en cualquiera de sus formas, etc.
- ¿Malestar es la palabra que definirá este tiempo?
- Una de ellas, en todo caso. Porque como contrapartida, la gente, la sociedad inmersa en ese malestar, irritación, se defiende. Se junta, sale a la calle, protesta, reclama, denuncia, está en creciente alerta, busca que la escuchen… dialoga entre sí.
- Aceptado el valor del término "malestar" para encuadrar mucho del presente y aceptado que define un legítimo estado de ánimo, ¿qué palabra sintetiza lo que se busca desde ese "malestar"? Hay pensadores que sostienen, por caso, que la palabra justicia está involucrada en ese trámite, pero ya no alcanza…
- Humanidad. Esa es la palabra… la razón: humanidad. Recuperar humanidad, porque lo humano es lo que nos define. Se puede ser humano sin matarnos, sin explotarnos entre nosotros, sin degradar al otro… La humanidad no puede ser millones de seres sin futuro, sin poder construir una idea de futuro, millones de seres "descartables" para el sistema. No. Eso no es humanidad. Eso es de todo, menos humanidad… El sentido de la vida no puede desarrollarse sin que el otro importe.
- ¿Cómo anda Francisco?
- Bien, bien… Bien el jesuita, bien.
- Dicen que hay tres cosas que no sabe un papa: cuánta plata tienen los salesianos, muy trabajadores; cuántas órdenes religiosas hay, y qué piensa un jesuita. En tren de ironía: ¿con Francisco se reveló qué piensa un jesuita?
- ¡Ah, yo no soy papa, así que sé cómo piensan los jesuitas! Gente muy bien formada intelectualmente, firmes de convicciones, gente de biblioteca, de horas de lecturas y más lecturas…
- En la Feria del Libro de hace dos años dijo que en términos de carácter, gestión, no se puede ser ciertas cosas. Blando, entre otras. ¿Francisco no es esas "ciertas cosas"?
- No, claro. No es blando ante los problemas que heredó como papa. Yo he dicho, siempre con la ligereza que implica apelar al humor para tratar ricamente cuestiones de importancia, que El Vaticano no es un lugar conveniente para un franciscano. ¿Por qué? Y… somos bonachones, nos cuesta ponernos…
- ¿Agrios?
- Agrios…pero los jesuitas agarran siempre…
- ¿La sartén por el mango?
- Y sí, sí…
- En esa Feria del Libro habló. e incluso lo hizo para este diario, de Jaime de Nevares. ¿Qué seguirá siendo en proyección su paso por la historia?
- Coraje. Honor. Yo he estado en Neuquén. He visto cómo entró su vida en esos parajes, desiertos, cerros… ese ir con el Evangelio, en defensa de la vida, en días de oscuridad total para la vida, para la justicia… ¡Había que ser don Jaime, ¿eh?..!
> Una historia…
Tiene 77 años. También una melena y barba tan blancas, que quizá tengan genética bíblica. Y parece haber superado problemas de salud que en su momento le condicionaron con algún rigor lo que más le agrada como sacerdote de la Teología de la Liberación: estar con la gente. Mano a mano. Ahí, donde hay dolor. Donde abunda la injusticia. Hablarles a los demás sin dogmas. Ayudarlos. Blandir las causas de sus sufrimientos y denunciarlas.
Semanas atrás, Leonardo Boff se robó el Foro por la Emancipación y la Igualdad, realizado en el Teatro Cervantes de Buenos Aires.
Sólida formación intelectual. Lector incansable de Jorge Luis Borges, Ernst Bloch, Max Weber. Conocedor a fondo de los más y los menos que brindan perfil y contenido a El Vaticano, donde hasta Francisco I -a quien trató por primera vez en 1972- siempre sumó más desprecios que simpatías.
Recientemente, ante el malestar existente en Brasil para con el conjunto del sistema institucional y el poder económico, Leonardo Boff escribió, en el marco de una nota para un medio: "Prácticamente no hay aquí persona que no exprese algún tipo de malestar, hasta rabia y, en el límite, odio. Quien conoce un poco el discurso psicoanalítico, no se admira. Sabe que en el ser humano actúan al mismo tiempo dos fuerzas: la de la sombra bajo la cual caben todas las decepciones y descontentos ante una situación dada, ya sea la sanidad que no funciona, el transporte de mala calidad, los impuestos altos, la clase política sin escrúpulos ni ligazón orgánica con los electores, la corrupción descarada que supone millones de dólares, cosa que escandaliza, revuelve y exige castigos rigurosos. Pero también está la fuerza de la luz que representa todo lo que hay de bueno en el ser humano: el amor, la comprensión, la amistad, el sentimiento de solidaridad en un accidente de carretera, la cooperación al asociarse a una ong que hace su trabajo coherente de rescate de los derechos humanos y la dignidad de los más invisibles".
- Pensemos desde un punto de malestar: la idea de progreso individual y en comunidad. A los millones y millones de seres hundidos en la pobreza, la marginación, la injusticia, se suman millones y millones de seres cuyas existencias penden de trabajos precarios, cotidianidades de creciente baja de calidad de soluciones a problemas que les impiden vivir con un mínimo de dignidad, explotación, prácticas impunes por parte del poder en cualquiera de sus formas, etc.
- ¿Malestar es la palabra que definirá este tiempo?
- Una de ellas, en todo caso. Porque como contrapartida, la gente, la sociedad inmersa en ese malestar, irritación, se defiende. Se junta, sale a la calle, protesta, reclama, denuncia, está en creciente alerta, busca que la escuchen… dialoga entre sí.
- Aceptado el valor del término "malestar" para encuadrar mucho del presente y aceptado que define un legítimo estado de ánimo, ¿qué palabra sintetiza lo que se busca desde ese "malestar"? Hay pensadores que sostienen, por caso, que la palabra justicia está involucrada en ese trámite, pero ya no alcanza…
- Humanidad. Esa es la palabra… la razón: humanidad. Recuperar humanidad, porque lo humano es lo que nos define. Se puede ser humano sin matarnos, sin explotarnos entre nosotros, sin degradar al otro… La humanidad no puede ser millones de seres sin futuro, sin poder construir una idea de futuro, millones de seres "descartables" para el sistema. No. Eso no es humanidad. Eso es de todo, menos humanidad… El sentido de la vida no puede desarrollarse sin que el otro importe.
- ¿Cómo anda Francisco?
- Bien, bien… Bien el jesuita, bien.
- Dicen que hay tres cosas que no sabe un papa: cuánta plata tienen los salesianos, muy trabajadores; cuántas órdenes religiosas hay, y qué piensa un jesuita. En tren de ironía: ¿con Francisco se reveló qué piensa un jesuita?
- ¡Ah, yo no soy papa, así que sé cómo piensan los jesuitas! Gente muy bien formada intelectualmente, firmes de convicciones, gente de biblioteca, de horas de lecturas y más lecturas…
- En la Feria del Libro de hace dos años dijo que en términos de carácter, gestión, no se puede ser ciertas cosas. Blando, entre otras. ¿Francisco no es esas "ciertas cosas"?
- No, claro. No es blando ante los problemas que heredó como papa. Yo he dicho, siempre con la ligereza que implica apelar al humor para tratar ricamente cuestiones de importancia, que El Vaticano no es un lugar conveniente para un franciscano. ¿Por qué? Y… somos bonachones, nos cuesta ponernos…
- ¿Agrios?
- Agrios…pero los jesuitas agarran siempre…
- ¿La sartén por el mango?
- Y sí, sí…
- En esa Feria del Libro habló. e incluso lo hizo para este diario, de Jaime de Nevares. ¿Qué seguirá siendo en proyección su paso por la historia?
- Coraje. Honor. Yo he estado en Neuquén. He visto cómo entró su vida en esos parajes, desiertos, cerros… ese ir con el Evangelio, en defensa de la vida, en días de oscuridad total para la vida, para la justicia… ¡Había que ser don Jaime, ¿eh?..!
> Una historia…
Tiene 77 años. También una melena y barba tan blancas, que quizá tengan genética bíblica. Y parece haber superado problemas de salud que en su momento le condicionaron con algún rigor lo que más le agrada como sacerdote de la Teología de la Liberación: estar con la gente. Mano a mano. Ahí, donde hay dolor. Donde abunda la injusticia. Hablarles a los demás sin dogmas. Ayudarlos. Blandir las causas de sus sufrimientos y denunciarlas.
Semanas atrás, Leonardo Boff se robó el Foro por la Emancipación y la Igualdad, realizado en el Teatro Cervantes de Buenos Aires.
Sólida formación intelectual. Lector incansable de Jorge Luis Borges, Ernst Bloch, Max Weber. Conocedor a fondo de los más y los menos que brindan perfil y contenido a El Vaticano, donde hasta Francisco I -a quien trató por primera vez en 1972- siempre sumó más desprecios que simpatías.
Recientemente, ante el malestar existente en Brasil para con el conjunto del sistema institucional y el poder económico, Leonardo Boff escribió, en el marco de una nota para un medio: "Prácticamente no hay aquí persona que no exprese algún tipo de malestar, hasta rabia y, en el límite, odio. Quien conoce un poco el discurso psicoanalítico, no se admira. Sabe que en el ser humano actúan al mismo tiempo dos fuerzas: la de la sombra bajo la cual caben todas las decepciones y descontentos ante una situación dada, ya sea la sanidad que no funciona, el transporte de mala calidad, los impuestos altos, la clase política sin escrúpulos ni ligazón orgánica con los electores, la corrupción descarada que supone millones de dólares, cosa que escandaliza, revuelve y exige castigos rigurosos. Pero también está la fuerza de la luz que representa todo lo que hay de bueno en el ser humano: el amor, la comprensión, la amistad, el sentimiento de solidaridad en un accidente de carretera, la cooperación al asociarse a una ong que hace su trabajo coherente de rescate de los derechos humanos y la dignidad de los más invisibles".
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