“LA VID Y LOS SARMIENTOS”REFLEXIONES DEL 5º DOMINGO DE PASCUA
Qué hermoso espectáculo contemplar un campo donde se extienden los grandes parrales, llenos de racimos de uvas. O también las pequeñas parras en nuestras casas que dan sombra en el patio o jardín. El cultivo de la vid, significa toda una cultura y también un culto. Su jugo, está unido a la idea de fiesta y de celebración, también religiosa. Jesús también utiliza la figura de la vid y los sarmientos, como símbolo de unión o de unidad entre nosotros y Él, entre Él y su Padre, entre el hombre y Dios.
La unión con Dios, implica permanecer con Él, no separarnos de su lado, como un hijo amado permanece junto a su padre o a su madre. La unidad con Jesús, significa pensar como Él, cumplir sus mandamientos. Su mandamiento es el amor. Por eso dice que· "al que lo ama, el Padre lo amará, iremos a él y habitaremos en él”. Éste texto del Evangelio de San Juan, es uno de los más hermosos la Biblia, Si todo el Evangelio se perdiera y permaneciera sólo este texto, y sabríamos todo lo que necesitamos saber sobre Dios y nosotros. Jesús se compara con la vid y a nosotros nos compara con los sarmientos. La vid es la planta, los sarmientos son las ramas. Esas ramas fibrosas que se extienden como tallos por la tierra y que son trepadora. Se sostienen con ramas de otras plantas o con un tutor de madera o de alambres. Así nos sostenemos nosotros, cuando estamos unidos a Jesús. El Padre, es el viñador.
La primera palabra conque Jesús explica esta unión mística con Él, es la palabra “permanecer”. El que permanece unido a Él, da fruto. Sin Él no podemos hacer nada. El que no permanece en Él, no sirve para nada, y se lo tira, afuera. Es una rama seca. Jesús también explica esta permanencia en Él, con otra palabra, que está en este discurso de la ¨ultima Cena, aunque no en el mismo texto que estamos leyendo: "al que cumple mis mandamientos. Mi Padre lo amará vendremos a él y habitaremos en Él”. Habitar en él, es la forma que tiene Dios de vivir en otro. El Padre habita en Jesús, y Jesús en el Padre. Del mismo modo Jesús habita en nosotros y nosotros en Él. No es fácil comprender esto, pero podemos sentirlo de alguna manera: ¡Dios está en mí! ¡Jesús habita en mí! Los que habitan en la misma casa, son familia, se comunican. Nuestra Casa es Dios. Podemos habitar en Él y comunicarnos con Él y entre nosotros. Cuando nos comunicamos o estamos en comunión entre nosotros, estamos en comunión y comunicados con Dios. Antes se hablaba mucho de la “unión con Dios”, se la vivía, como el secreto de la vida cristiana. Ahora se ha dejado de hablar de eso, como de otras muchas cosas. Somos tal vez más materialistas, aunque hablamos mucho de “espiritualidad”, pero la entendemos como “sueños” o los “fenómenos parapsicológicos”. Vivamos la unión con Jesús, como los sarmientos y la vid.
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