lunes, 25 de mayo de 2015
EL ESPIRITU SANTO
Cuando tomamos un rico mate o una taza de té, solemos decir, que el agua caliente efundida sobe la yerba dio como resultado un nuevo elemento, el mate, esa espirituosa bebida que nos resulta tan nueva y rica. Tenemos entonces una EFUSIÓN de agua caliente, yerba o té y aparece la INFUSIÓN que es el té o el mate, para nuestro deleite. Ni el agua caliente sola ni la yerba o el té solo, puede satisfacernos, como la infusión que resulta de la unión de ambos elementos.
Por lo general, solemos decir también que el hombre consta de “cuerpo y alma”. Pero si por cuerpo entendemos su parte biológica y material o sea los músculos y órganos corporales y el alma es la parte biopsíquica emocional, entonces tenemos que no bastan estas dos cosas para poner en marcha la PERSONA. Hace falta algo más. El ESPIRITU, o si quieren llamémoslo con un término simbólico EL CORAZÓN del hombre que indica su parte propiamente espiritual, la inteligencia y voluntad.
Pero la persona humana de por sí sola, no es capaz de llegar a ser la imagen y semejanza de Dios para la que Él la creó. Y dice san Pablo que:”El espíritu de Dios, se une al espíritu del hombre” (1Co 2,10-16) y le enseña a ser hijo de Dios.
Si nosotros no ponemos en el hombre esta presencia del Espíritu Santo, de Dios en el hombre, se produce un vacío trágico. Algunos lo llenan hoy con la droga u otras adicciones, falsas ilusiones de trascendencia. Pero es necesario llenar ese vacío con algo, porque de lo contrario el hombre cae en el vacío existencial y se destruye.
Dejemos que el Espíritu de Dios nos llene y contenga plenamente. Y no busquemos nada para llenar el vacío del Espíritu, más que el Espíritu mismo.
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