lunes, 23 de febrero de 2015
REFLEXIONES PARA EL PRIMER DOMINGO DE CUARESMA
Entre dos espíritus
Tenemos que imaginarnos hoy a Jesús empujado por el Espíritu de Dios y por otro lado, tentado por el espíritu del mal. El camino de la oración y de la vida interior, es como un camino de desierto. Camino duro que debemos recorrer empujados por el Espíritu Santo. Pero no es ciertamente un camino cómodo y desprovisto de tentaciones y males.
¿Qué es vivir empujado por el espíritu de Dios?
Muchos entienden hoy la vida espiritual, como una vida interior, que se transita en el silencio y la práctica de la respiración y la concentración, semejante a los ejercicios del yoga.
Para otros la vida cristiana, es esencialmente vida religiosa, con el cumplimiento exacto de leyes y prácticas litúrgicas y preceptos morales, como el que se contenta con ir a Misa y cumplir los preceptos de la Iglesia y no hace nada más. Finalmente para otros la vida espiritual es la negación de todo materialismo y el rechazo del disfrute de la vida y la belleza del mundo.
Las tres cosas tienen algo de cierto, pero cada una sola, sería una espiritualidad falsa. La espiritualidad cristiana, es ante todo religiosa, porque nos conduce a la unión con Dios. Pero es también social y comunitaria, no puramente intimista, sino llena de amor al prójimo y compromiso social y comunitario. Finalmente es también interior, como la del que lleva a Dios en su corazón, cultiva la unión con Dios, el contacto con su Palabra y la oración.
Espíritu de vida y espíritu del mal
A Jesús como hombre lo mataron, pero el Espíritu de Dios que tenía, lo devolvió a la vida y fue a predicar a los espíritus encadenados. Es posible que muchas veces sintamos que nuestro espíritu está encadenado, atado o totalmente trabado para vivir una vida interior y no puramente exterior, aunque sea religiosa. O que vivamos una vida tan interior que nos encontremos apartados y de todos y aislados y solos. O que sea tan espiritual que no comprendemos ni los sufrimientos ni las alegrías de nuestros hermanos, llevados por el espíritu de orgullo o depresión o de celos, envidia o resentimiento.
Es posible que nos tiente el espíritu del mal, o que el mal del mundo que es la presencia del pecado original, actuante hoy en nuestra sociedad y en el mundo, nos empuje al pecado, que es la negación del amor a Dios o al prójimo. Por eso vino Jesús a salvarnos y perdonarnos.
Cuaresma tiempo de conversión y libertad cristiana
Tenemos que liberar el espíritu para que el Espíritu de Dios nos libere a nosotros. El Reino de Dios está cerca. El reino de amor, alegría y paz, donde el mal es vencido, el demonio es echado afuera. Los enfermos son sanados y los dolores consolados y curados. El tiempo se ha cumplido. Esta es la hora de Dios.
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