miércoles, 4 de noviembre de 2015

REFLEXIONES EN EL CAMINO


La vida del cristiano es seguimiento de Cristo. Es un camino que arranca en el Bautismo y va hacia la vida eterna, a través del día a día.
Hay dos formas de alcanzar la vida eterna. Una es el cumplimiento de los mandamientos del corazón, que Dios puso en la naturaleza del hombre. La otra es la invitación que Él nos hace a seguirlo más de cerca.
¿Todos reciben esta segunda invitación? Claro que sí. Es una verdadera segunda vocación, o una invitación a ir a lo más profundo. Dicho con un símbolo: “a pasar a la otra orilla”, la de lo desconocido, la de las falta de seguridades. Por eso hay que estar dispuesto a dejar todo.
No son vocaciones distintas, como creyeron muchos. Son dos momentos de la misma vida. El segundo es el de la madurez, de la profundidad. 
EL camino comienza con la vocación de ir hacia Dios, que supone cumplir los mandamientos, seguir la propia conciencia. Hay que caminar. Hay que cumplir. Los mandamientos de Dios están grabados en el corazón. Hay que seguir la voz de la propia conciencia. Es el tema del bien y el mal, que siempre preocupa al hombre. ¿Qué es lo bueno? ¿Qué es lo malo? La conciencia que es el “primer vicario de Cristo, le dice al hombre lo que es bueno. El hombre fue creado bueno, por Dios. Para ser malo, para obrar el mal, hay que contradecir la propia naturaleza. Hay que comenzar a contradecir el propio ser. En una época de tanta confusión y corrupción, muchos traicionan la verdad, que está en nosotros, y siguen el mal.
Pero el camino sigue hasta un momento en que se van perdiendo las huellas. Con la vida, con el cansancio con el apego a las propias comodidades e idolatrías… “Aquí ya no hay camino”, dice San Juan de la Cruz. Cada uno debe subir a la cumbre, por donde pueda. Acá viene la segunda vocación o la profundización de la vocación.
Alguno puede decir: yo ya soy grande… cumplí siempre todo... estoy hecho… ¿Qué más puedo hacer? ¿Qué pecado puedo cometer a mi edad?
Para otros resulta difícil, dejar lo que se tiene o lo que se hace… Siempre hice esto. … Esto es lo que yo hice toda mi vida y me fue bien, hice tanto bien a los otros…
El gran teólogo español Suarez, un jesuita de la edad media, creía que en el cielo habría dos clases de cristianos que se salvan: los que practicaron toda la vida los mandamientos y los que dejaron todo y se hicieron perfectos. Lamentablemente no es así, se equivocó. La invitación a la perfección, a seguirlo más de cerca a Jesús, es para todos. Se acaba el camino, no se puede volver atrás (yo antes sí que era bueno…). ¿Hacia dónde vamos? Hacia dentro, dice Anselm Grüm, el camino de la espiritualidad, en cualquier estado en el que yo viva, va hacia adentro. Son las etapas de la vida espiritual. Llega un momento en que hay que hacer una nueva opción fundamental, o tal vez la opción fundamental verdadera y definitiva, seguir a Cristo hasta el final, como Pedro hasta la Cruz. “Cuando eras joven, te vestías e ibas adonde querías. Cuando seas viejo otro te atará y te llevará…

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