domingo, 1 de marzo de 2015

EL REVES Y LA TRAMA

(Reflexiones para el segundo Domingo de Cuaresma):
Recuerdo que cuando era chico, siempre me intrigaba cuando veía a mi madre inclinada sobre una tela y cosiendo con una aguja. De cuando en cuando ataba los hilos, que eran de colores, pero si uno miraba la carpeta, sólo se veían puntos y rayas. Cuando le preguntaba qué estaba haciendo, entonces son cierta satisfacción, ella daba vuelta la tela para que se viera del derecho y entonces se podía apreciar un hermoso dibujo o letras de adorno. Si como die María Elena Walsh, en su canción, estamos en el “mundo del revés”, entones debe haber un mundo donde las cosas se vean del derecho y se aprecie la trama que Dios va imprimiendo a la historia y a nuestra vida.
Exactamente eso le debe haber ocurrido a Abrahán, cuando recibió la orden de Dios de sacrificar al hijo de sus entrañas. Cuantas dudas, cuanto dolor, que intriga y tal vez qué sentimientos de rebelión empezó a sufrir, hasta que Dios lo detuvo: “ahora sé que temes a Dios, porque no te has reservado ni a tu hijo único”. Dios no quiere que mueran los hijos, ni quiere sacrificios humanos, ni les impone sacrificios a sus hijos. Sólo la fe, que a veces cuesta sangre.
El Tabor es el monte al que ascendieron los discípulos con Jesús y donde les mostró, la visión de la trama de su pasión, de la ley y de los profetas, de su vida y la de ellos. Allí vieron las cosas de otra forma: de una forma transfigurada. El temor que sienten los apóstoles y la nube luminosa que los cubre con su sombra, son los signos de una visión contemplativa, de una experiencia mística. La voz del Padre que se oye, es la revelación. Después todo cesa, está Jesús solo, como antes, como siempre. No podrán decir nada de esta visión, hasta después de la resurrección. Pero ese recuerdo les irá haciendo entender la trama de su vida, sobre todo la pasión y la muerte de Jesús.
Es seguro que todos nosotros habremos tenido más de una vez, la experiencia de que Dios nos ama y nos protege. Hagamos memoria. Si lo hizo esa vez, ¡cómo no lo a hacer ahora, en el dolor y en la prueba? Tenemos la garantía y la seguridad. Dios está con nosotros y no perdonó ni a su propio Hijo, para salvarnos. ¿Quién estará contra nosotros, dice San Pablo? ¿Quién nos condenará? Jesús murió y resucitó. Él sufrió antes que yo y más que yo. Esto no es verso, es realidad. Si nos sentimos solos o abandonados o si sufrimos cualquier dolor, no estamos solos, Jesús está sufriendo con nosotros y nos hace ver el dolor y la vida con ojos transfigurados. Si miramos hoy nuestro mundo, nuestra sociedad y nuestra propia vida, debemos estar seguros de que hay una trama en la mente y en las manos de Dios, que se va tejiendo al derecho para nuestra felicidad.
Tratemos ahora de hacer silencio para tener nuestra propia visión de la transfiguración. Es necesario que la pantalla interior de nuestra mente, esté vacía y tranquila, no llena de las imágenes que habitualmente la ocupan. Tratemos con nuestro oído interior de escuchar los ecos lejanos primero de nuestra propia conciencia y luego del tumulto de la vida que nos rodea y de ponernos luego en escucha de la Palabra de Dios. Pronto surgirá la Voz del Espíritu Santo, que nos explica nuestra vida y la trama secreta de nuestra historia. Este es el primer ejercicio que nos muestra nuestro hoy histórico para vivir como hombres, como cristianos nuestra experiencia cotidiana. El silencio que escucha y transfigura. Hagamos la prueba.

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