Inspirado en “El evangelizador en San Lucas”, del Cardenal Carlo María Martini
“Hay algunos para los cuales la Penitencia entendida a la antigua, como una confesión breve y frecuente, sigue siendo válida. Pero a veces hay otros, que encuentran mucho más difícil la práctica de la confesión regular: la encuentran fatigosa, formal, poco útil, poco estimulante. Habiendo experimentado yo mismo, este tipo de fatiga, me ha ayudado: hacer un coloquio penitencial, cada entre dos y cuatro meses. ¿Qué entiendo por coloquio personal penitencial?. Entiendo un diálogo con una persona, un sacerdote, en el que trato de vivir el momento de la reconciliación, de una manera que sea más amplia, de lo que es una confesión breve que sencillamente enumera faltas, como una lista de supermercado.
Se puede comenzar el coloquio con una lectura bíblica o un salmo, o una oración espontánea, que lo coloca a uno inmediatamente en una atmósfera de verdad. Sigue el triple momento, que llamo: la triple confesión: CONFESIÓN DE ALABANZA; CONFESIÓN DE LA VIDA; CONFESIÓN DE LA FE.
CONFESIÓN DE ALABANZA:
Repite la experiencia de Pedro: Señor aléjate de mí, que soy un pecador”. “¿A quién iremos, Tú sólo tienes palabras de vida eterna”. Pedro ante todo experimenta que el Señor es grande y lo ha llenado de dones inesperados.
Cofesión de alabanza, es comenzar este coloquio penitencial contestando a esta pregunta: “¿desde la última confesión, de qué tengo que dar más gracias a Dios? ¿En qué he sentido su ayuda y su presencia?” Comenzar con esta expresión de agradecimiento y alabanza, coloca nuestra vida en el justo cuadro.
Repite la experiencia de Pedro: Señor aléjate de mí, que soy un pecador”. “¿A quién iremos, Tú sólo tienes palabras de vida eterna”. Pedro ante todo experimenta que el Señor es grande y lo ha llenado de dones inesperados.
Cofesión de alabanza, es comenzar este coloquio penitencial contestando a esta pregunta: “¿desde la última confesión, de qué tengo que dar más gracias a Dios? ¿En qué he sentido su ayuda y su presencia?” Comenzar con esta expresión de agradecimiento y alabanza, coloca nuestra vida en el justo cuadro.
CONFSIÓN D LA VIDA:
Más que confesarse según los diez mandamientos, o según otro esquema, esta confesión de la vida, sugiere esta pregunta:” ¿a partir de la última confesión qué ha sucedido que delante de Dios, quisiera que no hubiera sucedido? ¿Qué me pasó, que no me gusta o me causó fastidio o arrepentimineto?”. Entonces, más que preocuparse de hacer una lista de pecados –que también se puede hacer cuando hay cosas graves y puntuales - se trata de ver las situaciones que hemos vivido y que nos pesan, que quisiéramos que no existieran y que por eso precisamente ponemos ante Dios, para que nos quite de encima ese peso, para que nos purifique.
Por ejemplo, vivir cierta antipatía sin lograr liberarnos de ella y no saber exactamente si hubo culpa o no, en algo que pesa sobre nuestro ánimo; o también qué otros defectos, tenemos, que resultan una raíz de fondo. En síntesis:
nos colocamos a la luz de nosotros mismos, como nos sentimos: ¿qué quisiera que no hubiera sucedido? ¿qué me pesa ahora particularmente delante de Dios? ¿qué quiero que Dios cambie en mí?
Pedimos ser liberados por la potencia de Dios; no buscamos leyes o preceptos moralísticos o pesadas autoexigenias.
Más que confesarse según los diez mandamientos, o según otro esquema, esta confesión de la vida, sugiere esta pregunta:” ¿a partir de la última confesión qué ha sucedido que delante de Dios, quisiera que no hubiera sucedido? ¿Qué me pasó, que no me gusta o me causó fastidio o arrepentimineto?”. Entonces, más que preocuparse de hacer una lista de pecados –que también se puede hacer cuando hay cosas graves y puntuales - se trata de ver las situaciones que hemos vivido y que nos pesan, que quisiéramos que no existieran y que por eso precisamente ponemos ante Dios, para que nos quite de encima ese peso, para que nos purifique.
Por ejemplo, vivir cierta antipatía sin lograr liberarnos de ella y no saber exactamente si hubo culpa o no, en algo que pesa sobre nuestro ánimo; o también qué otros defectos, tenemos, que resultan una raíz de fondo. En síntesis:
nos colocamos a la luz de nosotros mismos, como nos sentimos: ¿qué quisiera que no hubiera sucedido? ¿qué me pesa ahora particularmente delante de Dios? ¿qué quiero que Dios cambie en mí?
Pedimos ser liberados por la potencia de Dios; no buscamos leyes o preceptos moralísticos o pesadas autoexigenias.
Confesión de fe:
Es la preparación inmediata para recibir el perdón. Es la proclamación ante Dios: "Señor yo conozco mi debilidad, pero sé que Tú eres más fuerte. Creo en tu poder sobre mi vida, creo en tu capacidad para salvarme así como soy ahora. Te confío mi pecaminosidad, arriesgándolo todo, la pongo en tus manos y ya o temo más nada".
Es decir, es necesario tratar de vivir la experiencia de salvación, como experiencia de confianza, de alegría, como el momento en que Dios entra en nuestra vida y nos da la Buena Noticia: “vete en paz, Yo me he encargado de tus pecados, de tu pecaminosidad, de tu peso, de tu fatiga, de tu poca fe, de tus sufrimientos interiores, de tus tormentos. Los he tomado todos sobre Mí, he cargado con ellos para que tú quedes libre”.
Es la preparación inmediata para recibir el perdón. Es la proclamación ante Dios: "Señor yo conozco mi debilidad, pero sé que Tú eres más fuerte. Creo en tu poder sobre mi vida, creo en tu capacidad para salvarme así como soy ahora. Te confío mi pecaminosidad, arriesgándolo todo, la pongo en tus manos y ya o temo más nada".
Es decir, es necesario tratar de vivir la experiencia de salvación, como experiencia de confianza, de alegría, como el momento en que Dios entra en nuestra vida y nos da la Buena Noticia: “vete en paz, Yo me he encargado de tus pecados, de tu pecaminosidad, de tu peso, de tu fatiga, de tu poca fe, de tus sufrimientos interiores, de tus tormentos. Los he tomado todos sobre Mí, he cargado con ellos para que tú quedes libre”.
Este modo de hacer este coloquio, puede ayudarnos mucho más y la impresión que sacamos es quererlo repetir con gusto porque salimos un poco distintos y nos ha hecho mucho bien.
En la confesión debemos ver también lo positivo, no solo lo negativo: ¿qué hemos podido hacer de bueno, con la ayuda de Dios? (la práctica de las virtudes y propósitos anteriores). ¿ Ud. no tiene algo en su vida de lo que quiera agradecer a Dios? Es una pregunta que pone ya el coloquio, sobre un aplano diverso, no sólo formal. Es ya entrar en la vida de esa persona.
Tratemos pues de ayudarnos juntos a vivir este momento penitencial, al que Jesús trata de llevar a Pedro, desde el comienzo de su llamada. Pidámosle al Señor que nos ayude a nosotros como a Pedro, a comprender qué es lo que desea que hagamos, todo lo que nos promete y todo lo que nos da.
En la confesión debemos ver también lo positivo, no solo lo negativo: ¿qué hemos podido hacer de bueno, con la ayuda de Dios? (la práctica de las virtudes y propósitos anteriores). ¿ Ud. no tiene algo en su vida de lo que quiera agradecer a Dios? Es una pregunta que pone ya el coloquio, sobre un aplano diverso, no sólo formal. Es ya entrar en la vida de esa persona.
Tratemos pues de ayudarnos juntos a vivir este momento penitencial, al que Jesús trata de llevar a Pedro, desde el comienzo de su llamada. Pidámosle al Señor que nos ayude a nosotros como a Pedro, a comprender qué es lo que desea que hagamos, todo lo que nos promete y todo lo que nos da.
***
Los invito a concluir con una oración de amor y contrición, para que el Señor nos haga comprender la necesidad que tenemos de Él:
“Dios y Padre nuestro, que por Jesucristo, tu Hijo muerto y resucitado, dador del Espíritu de vida que está en medio de nosotros, nos ha llamado a formar esta comunidad: infunde en nosotros el espíritu de penitencia, el espíritu de reconciliación, para que por medio de él crezca nuestra mutua confianza y podamos reconocernos como hermanos tuyos, salvados todos por la sangre de tu muerte y por tu resurrección. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario