viernes, 1 de enero de 2016

El REINO DE LA VERDAD

El REINO DE LA VERDAD
Delante de Pilato, Jesús proclamó que era Rey y que “los que son de la verdad escuchan su voz”. Podemos decir que el Reino de Dios para Jesús, es el Reino de la Verdad. Jesús es identificado con el Verbo, en la Trinidad, que es la Verdad o la Sabiduría de Dios.
Dios es la verdad última a la que tiende la razón de todo hombre, impulsada por el deseo de recorrer el camino de la proia vida. Dios no es una palabra vacía ni una hipótesis abstracta; al contrario, es el fundamento sobre el que se ha de construir la propia vida. Vivir en el mundo implica aceptar la responsabilidad que impulsa a investigar todos los caminos con tal de acercarse lo más posible a Él, que es el fin hacia el cual tiende todo (cf. 1 Co 15, 24). Eso es el Reino de Dios y Él nos encomendó a nosotros, construirlo.
Tener fe, es saber que Dios tiene un rostro, que se mostró para siempre en Jesús y que en Él se hizo cercano a todo hombre. El Concilio dice: "El Hijo de Dios, con su encarnación, se ha unido, en cierto modo, con todo hombre. Trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de nosotros, en todo semejante a nosotros excepto en el pecado" (Gaudium et spes, 22). Acá comienza a entenderse un poco lo que es el Reino de Dios, según Jesús. Él decía “El reino de Dios está cerca”. También “ya ha llegado, conviértanse y crean en el Evangelio”. Evangelio es “la buena noticia”. El anuncio o la buena noticia del amor, de la caridad universal. Conocerlo a él es conocer la verdad plena, gracias a la cual se encuentra la libertad: "Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres" (Jn 8, 32).
Un gran sabio y santo, San Anselmo decía: "Que yo te busque deseando; que te desee buscando; que te encuentre amando; y que te ame encontrándote" (Proslogion, 1). Ojalá que el espacio del silencio y de la contemplación, que son indispensables para pensar en los interrogantes del hombre de hoy, encuentren en cada uno de nosotros un espacio de atención para valorar su importancia, su eficacia y sus consecuencias tanto para la vida personal como para la social, en nuestra familia, en nuestro trabajo, en la sociedad, en el País. La comunidad y la Iglesia son instrumentos de este Reino, de modo que lo que hagamos por construir la sociedad lo hacemos por el Reino de Dios. Lo que hacemos por construir la Iglesia, lo hacemos por construir el Reino de Dios.

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