ESPERANZA Y ALEGRÍA
Seguimos hablando en ese Adviento, del tema de la esperanza. Hay muchos motivos para que tengamos que renovar la esperanza, tal vez porque hay también muchos que nos inducen a perderla.
La posibilidad de perder el objeto de nuestros deseos placenteros, nos produce temor. Pero la posible pérdida del objeto de la esperanza es miedo.
Necesitamos la fortaleza que es una virtud cardinal y un don del Espíritu Santo, para moderar los temores y refrenar los miedos. La fortaleza nos da también paciencia y constancia o perseverancia. El Paciente es el que tiene capacidad de soportar el sufrimiento, por ejemplo de la una enfermedad, pero también los dolores y sinsabores de la vida y todo aquello que nos afecta y que constituye nuestra afectividad.
Se puede sufrir y estar alegre, lo que no se puede es sentir dolor y alegría a la vez, es decir estar contento y triste al mismo tiempo por el mismo motivo. Tal vez, se pueda sentir en parte dolor y en parte alegría, por motivaciones distintas y esto nos puede pasar muchas veces.
Hoy, el motivo de nuestra alegría es la esperanza de la venida de Jesús. Ya sabemos que Cristo volverá al fin de los tiempos. También que vino como recuerdo histórico hace dos mil años. Pero Viene hoy. No viene sólo en secreto y espiritualmente por la oración. Viene socialmente, en medio del mundo y de la historia hablándonos a través de sus enseñanzas con los acontecimientos de nuestra vida.
Podemos adelantar la venida del Reino de Dios, con nuestra actividad. Toda acción bien hecha en favor de nuestros hermanos, está adelantando la llegada del Reino. Navidad es hoy. La actividad puede unirse a la contemplación de los signos de Dios en la historia y ser parte de nuestra vida mística. Dicho de otra forma, podemos encontrar a Dios, no sólo en la oración privada, sino también trabajando por los demás. Esto es otra forma de orar, que nos acerca a Dios. Es verdad que casi todos creen que la mística, consiste en visiones y éxtasis o sueños sobrenaturales. Pero no es así. La finalidad de la encarnación es unir nuestra vida a la de Dios, llegar a ser UNO, con Dios por Cristo, en el Espíritu, Y también con nuestros hermanos en la medida que todos nos unimos a Él.
Sucede que tenemos una teología demasiado doctrinal y dogmática y nos hemos olvidado del Evangelio de San Juan o las enseñanzas de Pablo, sobre la vida con Dios y sobre ser uno en Cristo. En definitiva necesitamos una experiencia de Dios, como ya lo hemos señalado varias veces en este adviento. Esa es muestra mayor esperanza y alegría.
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