viernes, 1 de enero de 2016

EL CAMINO DEL CUERPO

EL CAMINO DEL CUERPO
Por la educación recibida, muchos estamos acostumbrados a considerar el cuerpo como enemigo de la vida espiritual. Hay prejuicios filosóficos y también malas interpretaciones de la Biblia. Cuando San Pablo por ejemplo, habla de la “carne y el espíritu” como enemigos, no se refiere a “cuerpo y alma”, sino al “hombre carnal o materialista” y al hombre espiritual”, pero ambos en cuerpo y alma. Nuestra espiritualidad, es también muy individualista. Para la filosofía tradicional, la “persona” es “el ser que subsiste” o una “substancia individual de naturaleza racional”. Es difícil, desde esta concepción trascender los muros del individuo y construir puentes hacia los demás y hacia la naturaleza como parte de nosotros mismos. Por eso la primera encíclica del Papa sobre la ecología humana o profunda, sorprende y no se entiende o se la deja “respetuosamente” de lado, sin leerla. 
Aristóteles definía al hombre como “animal racional”. Parecía que la parte superior del hombre es su “razón”, lo que le da dignidad y lo hace persona. Muy pocos de nosotros, se animarían a pensarse a sí mismos como “cuerpo”. Se llegó a decir, “pienso, luego existo”. Pero, nadie dijo: “Yo soy mi cuerpo”. Hablar de una “etapa transpersonal” del crecimiento humano, parece cosa de la nueva era. Y aunque así fuera, hay muchas cosas de la nueva era, que son buenas y nos sirven, así como decía Ratzinger, de los métodos de oración oriental, que justamente dan importancia al cuerpo, tienen cosas buenas que nos sirven, por ejemplo, la respiración, la relajación, el silencio exterior.
La filosofía personalista concibe al hombre como un ser en relación. Y el cuerpo es justamente el gran medio de comunicación que nos comunica y nos une a los demás. Incluso la sexualidad (no simplemente el “sexo genital”) nos impulsa a salir de nosotros mismos y unirnos al otro. Y nos descubre nuestra fragilidad e historicidad, que nos dice que solos, no podemos…Por eso ser “persona” es ser comunitarios. Y el cuerpo si bien es un principio de individuación, que nos separa físicamente de otros individuos, también es principio de comunicación y canal de amor y amistad. Dios cuando quiso comunicarse con nosotros “tomó un cuerpo”. Para estar con nosotros incluso para trabajar y sufrir por nosotros. Él no quiere víctimas y holocaustos, por eso tomó un cuerpo”. 
La espiritualidad cristiana no consiste en destruir el cuerpo, que es la obra más maravillosa de Dios, sino en cuidarlo y convertirlo en templo del Espíritu Santo. El cuidado del cuerpo, impone una ascética, sí. Deporte, dieta, caminar, cuidar la salud, el corazón, el cerebro, son ocupaciones muy importantes de nuestra vida espiritual. El trabajo y la actividad que hacemos con nuestro cuerpo, se puede transformar en una contemplación en la acción: “el trabajo bien hecho de ayuda a los otros. Tenemos que construir “relaciones sanas” con nosotros mismos, con nuestro cuerpo, con los demás con el mundo y con Dios. No la espiritualidad del “ te doy, para que me des)”. Pero tampoco la espiritualidad de la ascensión al monte, cada uno por donde pueda y solo. Subir, dejar, abandonar, desprenderse, pero siempre solos...no. Reprimir, mortificar, castigar, sin amar, no es cristiano. El camino de la espiritualidad, creíamos que partía de lo exterior, y llegaba al corazón. No está mal, pero solos, no. Hoy para algunos, el nuevo camino parte del corazón, baja al cuerpo y lo incorpora a la vida espiritual y va hacia los demás. Como María que lleva la Palabra de Dios en su cuerpo. Como Isabel que siente a su hijo estremecerse de alegría por la presencia de Dios, en su vientre.

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