LA VIRGEN MADRE DE DIOS Y MADRE DE LA IGLESIA. ¡FELIZ AÑO NUEVO!
No es fácil hablar de María, sin caer en exageraciones o falsos misticismos. Y sin embargo María es lo más grande y puro del género humano, es lo más bello y querido que tenemos. Maternidad, es un hecho biológico, físico. Pero ser Madre de Dios, no es lo habitual, o lo puramente humano. Virginidad es un hecho espiritual, pero ser Esposa y Madre por la gracia del Espíritu Santo, no es fácil de entender con el intelecto humano. Por eso, si bien hablar de nuestra madre es lo que más nos reboza del corazón, no es fácil hablar de María, sin caer en exageraciones o falsos misticismos.
Tratemos ahora de entender cómo María puede ser madre virgen, es decir, madre espiritual del Verbo, además de haber llevado a Jesús en su seno y haberlo dado a luz.
Recordemos ante todo, que la teología doctrinal es cosa del intelecto, que se estudia para creerla y saber. Y que la teología espiritual, es cosa de la experiencia, que se experimenta para vivirla. Necesitamos un poco del don de sabiduría, el sabor de las cosas de Dios, saborear el gusto de la contemplación. Miremos algo sencillo y concreto. Contemplar no es éxtasis o visiones, es simplemente, hacer una experiencia y gustar de ella, como gustaríamos de un plato sabroso y delicado. “María guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón”. Se refiere a lo que dijeron los pastores, a lo que le había dicho el ángel, al nacimiento de Jesús, su hijo y todas las circunstancias que lo rodearon. Dios, el Padre le había hablado a María, dándole a conocer su voluntad. No hubo visiones, ni éxtasis extraordinarios. Sí se relatan en el Evangelio mediante el género literario de las anunciaciones y nacimientos. Esa es la manera, como la comunidad apostólica, vivió el acontecimiento histórico, con fe sobrenatural.
Estábamos en que Dios habló a María, mediante la historia, con los acontecimientos de su vida, como nos puede hablar a nosotros. Ella recibió esa Palabra y la guardó en su corazón, ¿Cómo la guardó? “Meditándola”. Lo mismo que la podemos guardar nosotros. Así hizo encarnar y nacer, la Palabra, para después darla a Isabel y a los demás. Así María Virgen, fue Madre espiritual de su Hijo, la Palara de Dios.
Ciertamente, estos pobres pensamientos son reflexiones muy humanas y limitadas para poder entender la Palara de Dios. En la historia, no podemos encontrar nada. En la revelación está el sublime Secreto de Dios difícil de entender para nuestra pobre razón. Tratemos al menos de vivir con él y meditarlo, hacer experiencia de Él y vivirlo.
Tratemos ahora de entender cómo María puede ser madre virgen, es decir, madre espiritual del Verbo, además de haber llevado a Jesús en su seno y haberlo dado a luz.
Recordemos ante todo, que la teología doctrinal es cosa del intelecto, que se estudia para creerla y saber. Y que la teología espiritual, es cosa de la experiencia, que se experimenta para vivirla. Necesitamos un poco del don de sabiduría, el sabor de las cosas de Dios, saborear el gusto de la contemplación. Miremos algo sencillo y concreto. Contemplar no es éxtasis o visiones, es simplemente, hacer una experiencia y gustar de ella, como gustaríamos de un plato sabroso y delicado. “María guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón”. Se refiere a lo que dijeron los pastores, a lo que le había dicho el ángel, al nacimiento de Jesús, su hijo y todas las circunstancias que lo rodearon. Dios, el Padre le había hablado a María, dándole a conocer su voluntad. No hubo visiones, ni éxtasis extraordinarios. Sí se relatan en el Evangelio mediante el género literario de las anunciaciones y nacimientos. Esa es la manera, como la comunidad apostólica, vivió el acontecimiento histórico, con fe sobrenatural.
Estábamos en que Dios habló a María, mediante la historia, con los acontecimientos de su vida, como nos puede hablar a nosotros. Ella recibió esa Palabra y la guardó en su corazón, ¿Cómo la guardó? “Meditándola”. Lo mismo que la podemos guardar nosotros. Así hizo encarnar y nacer, la Palabra, para después darla a Isabel y a los demás. Así María Virgen, fue Madre espiritual de su Hijo, la Palara de Dios.
Ciertamente, estos pobres pensamientos son reflexiones muy humanas y limitadas para poder entender la Palara de Dios. En la historia, no podemos encontrar nada. En la revelación está el sublime Secreto de Dios difícil de entender para nuestra pobre razón. Tratemos al menos de vivir con él y meditarlo, hacer experiencia de Él y vivirlo.
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