lunes, 9 de marzo de 2015

EL CELO DE DIOS, EL CULTO Y LOS SIGNOS DE LOS TIEMPOS: (Reflexiones para el tercer Domingo de Cuaresma)



Deberíamos reflexionar sobre la manera que tenemos de dar culto a Dios. La mitología y literaturas antiguas, siempre atribuyeron a los dioses las mismas pasiones que tienen los hombres. La Biblia, parece hacerlo también, por ejemplo cuando habla del “celo de Dios”. Muchas otras veces se menciona la ira de Dios, el castigo y la venganza. Pero lo hace en realidad en un sentido muy distinto. Debemos comprender que estas pasiones atribuidas a Dios son un lenguaje humano y una forma nuestra de describir los sentimientos de Dios, porque no lo podemos expresar de otra forma. Dios no castiga, ni azota al pecador, ni se venga ni es rencoroso.
En este caso el celo de Jesús por la Casa de Dios, que se demuestra en la expulsión de los mercaderes el templo, no es como el de los hombres. Para nosotros, el celo es un amor inmaduro, que duda del afecto del ser amado, o es el deseo de apoderarse de los mismos sentimientos de la otra persona o lamentarse de que “no me toque a mí”. Para Jesús en cambio, es la fuerza de amor infinito que quiere liberar a su pueblo. Es, el rescate de los suyos y la victoria sobre sus enemigos.
Dios se presenta: Yo soy el que te libré, el que te amé, un Dios celoso que castiga hasta la cuarta generación, pero tiene misericordia hasta mil generaciones. No tendrás otros dioses delante de Mí. No esa una enseñanza teórica o dogmática a sobre el monoteismo, sino una invitación a evitar la idolatría. No dar culto a otros dioses.
Los griegos pedían sabiduría y los judíos, signos. La verdadera sabiduría está en transformar toda nuestra vida en el culto cotidiano de nuestra vida para gloria de Dios y convertir nuestro cuerpo en templo de Dios y vencer todas nuestras idolatrías. Los signos que nos da Dios, son su Cruz y resurrección, una invitación a vivir como resucitados, lo que nos exige una actitud permanente de contemplación de los signos de la historia y nuestra propia vida. La contemplación en la acción.
El verdadero, es el culto de la vida cotidiana. No le importan a Dios las ofrendas y sacrificios de toros y carneros o palomas. Le interesa que renunciemos ante Él, a todas nuestras idolatrías. Renegar de nuestros padres y de todos los viejos y los niños, matar, los adulterios, mentiras, los malos deseos, la codicia. O todas las formas modernas con las que nuestra sociedad disimula sus propias idolatrías: la corrupción, el engaño y la falsedad, la envidia, asumir actitudes que dan muerte, el rencor que es una forma de matar, cierta TV pornográfica, la codicia desenfrenada… Muchas veces Jesús describe a los suyos, como su Casa o el templo en que habita el Espíritu Santo. Que Jesús defienda el templo significa que está defendiendo a los suyos y no deja que los conviertan en cueva de ladrones. El templo verdadero es su propio Cuerpo y el Cuerpo de Jesús somos nosotros. ¿Qué sería robarle a Dios, algo de la gloria de su templo? Ir contra el prójimo, los pobres, los pequeños. Nosotros mismos podemos ser ladrones de nuestro propio templo. O podemos profanar el templo y el culto utilizándolo para nuestras idolatrías, habladurías o rencores. Este es el celo de Jesús por su casa, que comprendieron los Apóstoles al meditar sobe lo que había hecho en Jerusalén y lo que hace con su Cuerpo y el Templo de nuestra vida.

PERDONAR

miércoles, 4 de marzo de 2015

MATRIMONIO Y FAMILIA

Matrimonio y familia: camino de santidad para todos.

LOS PADRES DE SANTA TERESITA DE LISIEUX SERAN CANONIZADOS

33.5K288
Louis y Zelie Martin. Foto dominio público
Louis y Zelie Martin. Foto dominio público
FacebookTwitterGoogle+PinterestAddthis
ROMA, 02 Mar. 15 / 01:59 pm (ACI).- El Cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, anunció que los padres de Santa Teresita de Lisieux, Louis y Zelie Martin, serán canonizados en octubre de este año, mes en el que se realizará el Sínodo de la Familia en el Vaticano.
El anuncio del Cardenal Amato se da solo algunos días luego que el Obispo de Bayeux-Lisieux (Francia) informara su intención de abrir la causa de beatificación de la hermana “difícil” de Santa Teresa de Lisieux, Leonia Martin, la tercera de los nueve hijos del matrimonio de Louis y Zelie.
“Gracias a Dios en octubre se canonizarán a dos cónyuges, los padres de Santa Teresa de Lisieux”, dijo el Cardenal Amato durante en un reciente encuentro organizado por la Librería Editora Vaticana para hablar sobre el tema “¿Para qué sirven los santos?”, resaltando la importancia de la santidad de la familia, tema del Sínodo que reunirá a cardenales, obispos y expertos de todo el mundo para reflexionar sobre el tema de la familia.
“Los santos no solo son los sacerdotes y las religiosas, sino también los laicos”, aseguró el Purpurado refiriéndose al matrimonio francés.
Louis y Zelie fueron beatificados el 19 de octubre de 2008 por el entonces Papa Benedicto XVI y su canonización sería la primera en la historia de este tipo.
Su camino a los altares ha superado en el tiempo a los cónyuges Luigi y Maria Beltrame Quattrochi, beatificados también simultáneamente en octubre del año 2001.
Louis y Zelie Martin son los padres Santa Teresita del Niño Jesús, Patrona de las misiones y una de las santas más queridas por el Papa Francisco, proclamada doctora de la Iglesia por el Papa San Juan Pablo II en 1997.
Casados en 1858, Louis y Zelie tuvieron nueve niños, de los cuales cuatro murieron en la infancia y cinco siguieron la vida religiosa.

domingo, 1 de marzo de 2015

OJOS TRANSFIGURADOS

Hay otra forma de mirar las cosas: mirarlas desde Dios. con ojos transfigurados.

EL REVES Y LA TRAMA

(Reflexiones para el segundo Domingo de Cuaresma):
Recuerdo que cuando era chico, siempre me intrigaba cuando veía a mi madre inclinada sobre una tela y cosiendo con una aguja. De cuando en cuando ataba los hilos, que eran de colores, pero si uno miraba la carpeta, sólo se veían puntos y rayas. Cuando le preguntaba qué estaba haciendo, entonces son cierta satisfacción, ella daba vuelta la tela para que se viera del derecho y entonces se podía apreciar un hermoso dibujo o letras de adorno. Si como die María Elena Walsh, en su canción, estamos en el “mundo del revés”, entones debe haber un mundo donde las cosas se vean del derecho y se aprecie la trama que Dios va imprimiendo a la historia y a nuestra vida.
Exactamente eso le debe haber ocurrido a Abrahán, cuando recibió la orden de Dios de sacrificar al hijo de sus entrañas. Cuantas dudas, cuanto dolor, que intriga y tal vez qué sentimientos de rebelión empezó a sufrir, hasta que Dios lo detuvo: “ahora sé que temes a Dios, porque no te has reservado ni a tu hijo único”. Dios no quiere que mueran los hijos, ni quiere sacrificios humanos, ni les impone sacrificios a sus hijos. Sólo la fe, que a veces cuesta sangre.
El Tabor es el monte al que ascendieron los discípulos con Jesús y donde les mostró, la visión de la trama de su pasión, de la ley y de los profetas, de su vida y la de ellos. Allí vieron las cosas de otra forma: de una forma transfigurada. El temor que sienten los apóstoles y la nube luminosa que los cubre con su sombra, son los signos de una visión contemplativa, de una experiencia mística. La voz del Padre que se oye, es la revelación. Después todo cesa, está Jesús solo, como antes, como siempre. No podrán decir nada de esta visión, hasta después de la resurrección. Pero ese recuerdo les irá haciendo entender la trama de su vida, sobre todo la pasión y la muerte de Jesús.
Es seguro que todos nosotros habremos tenido más de una vez, la experiencia de que Dios nos ama y nos protege. Hagamos memoria. Si lo hizo esa vez, ¡cómo no lo a hacer ahora, en el dolor y en la prueba? Tenemos la garantía y la seguridad. Dios está con nosotros y no perdonó ni a su propio Hijo, para salvarnos. ¿Quién estará contra nosotros, dice San Pablo? ¿Quién nos condenará? Jesús murió y resucitó. Él sufrió antes que yo y más que yo. Esto no es verso, es realidad. Si nos sentimos solos o abandonados o si sufrimos cualquier dolor, no estamos solos, Jesús está sufriendo con nosotros y nos hace ver el dolor y la vida con ojos transfigurados. Si miramos hoy nuestro mundo, nuestra sociedad y nuestra propia vida, debemos estar seguros de que hay una trama en la mente y en las manos de Dios, que se va tejiendo al derecho para nuestra felicidad.
Tratemos ahora de hacer silencio para tener nuestra propia visión de la transfiguración. Es necesario que la pantalla interior de nuestra mente, esté vacía y tranquila, no llena de las imágenes que habitualmente la ocupan. Tratemos con nuestro oído interior de escuchar los ecos lejanos primero de nuestra propia conciencia y luego del tumulto de la vida que nos rodea y de ponernos luego en escucha de la Palabra de Dios. Pronto surgirá la Voz del Espíritu Santo, que nos explica nuestra vida y la trama secreta de nuestra historia. Este es el primer ejercicio que nos muestra nuestro hoy histórico para vivir como hombres, como cristianos nuestra experiencia cotidiana. El silencio que escucha y transfigura. Hagamos la prueba.

VERGUENZA!